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CONSIDERACIONES TERAPÉUTICAS
EN EL TRASTORNO NEGATIVISTA DESAFIANTE
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Orlando Vllegas Ph.D.*
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En el boletín electrónico n.º 7 presentamos
algunas consideraciones generales referidas al Trastorno Negativista
Desafiante (TND) y tal como se anunció, a continuación presentamos
algunas consideraciones sobre el diagnóstico y tratamiento de este
trastorno.
Con relación al diagnóstico, es importante seguir
un criterio pre-establecido. Los más aceptados son los criterios
diagnósticos descritos por la Organización Mundial de la Salud
(OMS) y la Asociación Psiquiátrica Americana (APA). La OMS, en su
Clasificación Internacional de Enfermedades, versión 10 (CIE-10),
asigna el código F91.3 para identificar al TND. La APA, asigna el código
313.81 en la identificación del TND en el Manual Diagnóstico y
Estadístico de los Trastornos Mentales, versión 4, Texto Revisado
(DSM-IV-TR). A pesar de que existen ciertas discrepancias entre la
OMS y la APA con relación a las conductas que caracterizan al TND,
ambas organizaciones coinciden en que se trata de un patrón
alterado de conducta que se caracteriza por conductas desafiantes y
hostiles, dirigidas principalmente (pero no exclusivamente) contra
figuras de autoridad. Este patrón tiene que estar presente por lo
menos por 6 meses consecutivos y no debe incluir conductas
consideradas “normales” según la edad del individuo. Este
trastorno ya se puede observar en niños menores de 8 años de edad.
El DSM-IV-TR requiere la presencia de por lo menos 4 síntomas (o más)
correspondientes a las categorías de: accesos de cólera, discusión
con figuras de autoridad/adultos, actitud desafiante, desobediencia,
culpar a otros por errores personales, resentimiento y actitud
vengativa. Estas conductas deben producir un deterioro significativo
de la actividad social y académica para ser consideradas en el
diagnóstico del TND.
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Con relación al tratamiento, comencemos por aclarar tres
aspectos que se consideran de importancia.
En primer lugar debemos tener presente que el tratamiento del TND no
se da en el contexto de una terapia individual sino más bien en
terapia de familia. En segundo lugar, debemos reconocer que el rol
del profesional es el de ‘consultor’ para la familia. Son los
padres de familia los que cumplen el rol de terapeutas, y en tal
rol, consultan con el profesional. Finalmente, el tratamiento que se
inicia hoy día tiene como objetivo modificar la conducta del niño(a)
en los próximos meses y no inmediatamente. Es muy importante tener
presente que la conducta que se pretende modificar tomó algún
tiempo en desarrollarse. Si José tiene 12 años, recordemos que le
tomó 12 años aprender esta conducta desafiante, y lo que toma 12 años
en ser aprendido no se puede “olvidar” en una o dos semanas, en
uno o dos meses.
En adición a las consideraciones
previas, es muy importante reconocer que gran parte del éxito en el
tratamiento del TND depende del claro entendimiento que tanto la
familia como el profesional tengan sobre la aparición y evolución
del trastorno. El TND aparece como resultado de una interacción con
características peculiares entre los padres y el niño(a). Las
investigaciones en el campo del apego infantil (attachment)
revelan que el tipo de apego “inseguro” es el que caracteriza la
infancia de niños(as) que más adelante presentarán un TND. Este
es un trastorno que se genera en la interacción entre padres e
hijos. Esta interacción generalmente se caracteriza, entre otras
cosas, por:
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La ausencia de límites a la conducta del niño durante los
primero años de vida. Algunos padres de familia deciden no
poner límites a las conductas de los niños, ya sea por
negligencia, porque creen que de esa forma el niño va a
desarrollar más independencia o iniciativa, o porque
simplemente no saben como limitar estas conductas en sus niños.
Las situaciones que tipificarían esto serían aquellas donde al
niño(a) se le permite agarrar todo lo que desea, incluso cuando
el objeto deseado está en posesión de otros o cuando la posesión
del objeto puede implicar algún tipo de riesgo para el niño
(un vaso de vidrio que se puede romper).
·
Situaciones donde los halagos, regalos y reconocimientos al
niño(a) se dan de manera exagerada impidiéndole que haga una
transición saludable entre el egocentrismo de los 2 años y una
conducta orientada a la consideración de otros.
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Una interacción entre los padres y el niño donde es el niño
quien generalmente toma las decisiones (lo que va a comer, la
ropa con la que se va a vestir), y se le da gusto en todo lo que
desea.
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Una disciplina inconsistente
donde las normas de disciplina se aplican de acuerdo al estado
de ánimo de los
padres más que en respuesta a una conducta manifiesta en el
niño(a). Cuando el niño emplea un lenguaje obsceno, en algunas
ocasiones se le ignora pero en otras se le castiga. Esto hace
impredecible la reacción futura de los padres frente al uso de
palabras obscenas.
·
Una aparente buena interacción entre los padres y el
hijo(a). Sin embargo tal interacción positiva se mantiene al
costo de hacer lo que el hijo(a) quiere, evitando contradecirlo
o indisponerlo.
·
Una interacción donde no existe coincidencia entre la política
disciplinaria del papá y de la mamá; donde las reglas y
castigos impuestos por uno de ellos son eliminados por el otro;
donde el niño(a) es testigo de la falta de congruencia entre
sus padres con respecto a las expectativas sobre la conducta;
donde uno castiga y el otro perdona; donde uno dice “no” y
el otro dice “sí”; donde uno avisa que la hora de comer es
las 6 de la tarde mientras que el otro accede al pedido de comer
a “cualquier hora”.
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Finalmente donde es evidente que el niño ha adquirido el
“poder” de control que uno de sus padres o ambos han
perdido.
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El plan de tratamiento debe
aparecer como resultado de un proceso diagnóstico minucioso.
Hacer conocer los resultados a los padres permite que tanto el
profesional como los padres tengan una misma idea de las
conductas a tratar y de los objetivos deseado en el tratamiento.
Cada plan de tratamiento debe ser adecuado a las características
de la familia y del niño(a) a ser tratado. Recordemos que
tratamos de modificar una conducta que ha sido establecida luego
de un largo proceso de aprendizaje y lo que se aprende durante
varios años no se puede modificar de un día a otro, o de una
semana a otra. El cambio que se espera no aparecerá de
inmediato. Recordemos que el proceso terapéutico ocurre en el
ambiente familiar y que el profesional juega el rol de
“consultor” de los padres quienes son los responsables de la
aplicación de las técnicas que se describen a continuación.
Finalmente, la expectativa no es que el niño(a) vaya a cooperar
con el tratamiento. No se trata de “convencer” al niño(a)
que coopere o que sea “bueno” o que “muestre su amor por
los padres” a través del cambio de su conducta. Si alguno de
estos aspectos se hace presente, quizás, no estamos en frente
de un niño(a) con TND. Es de esperar que la conducta se
modifique para evitar las consecuencias negativas que traerá el
incumplimiento de reglas. Es de esperar que el niño(a)
modifique su conducta por razones personales, tales como, evitar
consecuencias desagradables por su comportamiento. Quisiera
mencionar dos de los aspectos básico a tener presente en el
tratamiento del TDN.
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CONSISTENCIA:
Las reglas de disciplina y otras instrucciones para modelar
conductas deben ser aplicadas de manera consistente. Esto quiere
decir que se aplicarán una y otra vez, sin interrupciones o
modificaciones significativas. Esta consistencia se refiere no
solo a la aplicación rutinaria de las reglas, sino también a
la consistencia en su utilización por otros miembros de la
familia. Si la mamá propone una norma para la conducta de los
niños en la casa, el papá y los otros adultos en la vida del
niño(a) deberán respetarla y aplicarla de la misma manera. Si
la mamá impone como regla que nadie vea televisión antes de
terminar las tareas escolares, nadie va a modificar tal regla.
Eso quiere decir que la regla es válida de Lunes a Lunes, y
durante todos los meses del año escolar. Esto quiere decir que
si el niño(a) va a pasar la noche en la casa del tío o de los
abuelitos, los adultos serán responsables que no vea televisión
hasta que no complete sus tareas escolares. Si la comida se
sirve a las 6 p.m., las 6 p.m. es la hora para comer y no las
6:30 ó 7 p.m., hoy, mañana y siempre que sea posible.
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APLICAR CONSECUENCIAS
INMEDIATAMENTE:
Si el niño(a) cumple con lo que se le pidió, lo vamos a
recompensar a través de felicitarlo, darle un beso, abrazarlo o
cualquier otra manifestación de aprobación y reconocimiento
por la conducta apropiada. De igual forma, si el niño no cumple
con la regla, vamos a aplicar un “castigo”. Entendamos por
“castigo”, una situación que aparece como consecuencia de
no cumplir una regla. El castigo debe darse tan pronto como sea
posible, después de que la regla no ha sido obedecida.
Idealmente, el castigo debe representar una consecuencia natural
de la desobediencia. Por ejemplo, tenemos como regla que la hora
de comer son las 6 p.m. Luego de un primer aviso que la comida
está servida y de que el niño(a) no se presenta a comer porque
está viendo TV o jugando, daremos la siguiente indicación:
”Voy a contar hasta tres, si no estás sentado comiendo a la
cuenta de tres, me llevo la comida a la cocina y no hay comida
hasta mañana”. Contamos hasta tres y si a la cuenta de de
tres no está sentado(a), no decimos nada y nos llevamos la
comida a la cocina. La regla no se va a romper por ninguna razón
y no hay razón para ofrecerle algo de comer después de tal
hora. Es muy posible que la primera vez, el niño(a) no
reaccione con fastidio, e incluso puede decir burlonamente que
“no tiene hambre” o que “está feliz de no comer esa
comida”. Hay que tener paciencia. La idea no es que se
moleste, sino que, poco a poco, vaya aprendiendo que si decimos
algo, ese algo va a ocurrir de todas maneras. Quizás durante
las siguientes 20 noches no se presente a comer a las 6 p.m.,
pero pueden estar seguros de que en algún momento el niño no
estará contento de irse a la cama con el estómago vacío y en
algún momento estará sentado(a) a las 6 p.m.
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Como ejemplos de recompensas
podemos citar:
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Un reconocimiento verbal (te felicito por hacerlo…,
gracias por hacer lo que te pedí…, me pone contenta(o) que me
hagas caso).
·
Un contacto físico indicativo de aprecio y reconocimiento
(un abrazo, un beso, una caricia).
·
Adición de puntos en un programa de recompensas que ha sido
previamente preparado con la participación del niño(a). Si el
niño(a) tiene acumulados “3”
puntos hacia el viernes, “estás a punto de ganar el
premio”. Si tiene “4” puntos, “ya ganaste el premio”.
Estos premios no requerirán una cantidad significativa de
dinero o de un esfuerzo significativo que no puede ser mantenido
día a día.
·
Una actividad con el niño(a) tal como ver con él su
programa favorito en la TV, jugar con él su juego favorito,
contarle un cuento más largo que de costumbre a la hora de
acostarse, etc.
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Ejemplo de “castigos” pueden
ser:
·
Una reprimenda verbal (“no me gustó lo que hiciste”).
Muchas madres dirán que un comentario de este tipo no afecta a su
niño(a); si la madre es capaz de ser consistente con su actitud de
desaprobación por la conducta y sus gestos indican su descontento,
muy pronto verá el efecto real de tal comentario.
·
Decirle “me molestó lo que hiciste, no te voy a hablar
durante 10 minutos”. Aplico los mismos comentarios del párrafo
anterior con relación a la idea que algunos niños no mostrarán
ninguna reacción a tal silencio.
·
Quitarle puntos en el programa de recompensas.
·
Tiempo fuera. Como recomendación yo sugeriría tantos
minutos de tiempo fuera como años tiene el niño(a). Es decir, 5
minutos para un niño de 5 años. Tiempo fuera implica romper una
rutina (el niño que está jugando, viendo TV, con sus amigos, etc.)
para que pase unos momentos en su cuarto o sentado en una silla en
el comedor o en la sala.
Ciertamente habría mucho más por
escribir acerca de la modificación de la conducta en niños(as) con
TDN. Las ideas anteriormente expuestas pueden ser utilizadas
simplemente como guía para el desarrollo de un programa de
modificación conductual más individual y personalizado. Soy muy
consciente de que en este artículo no se incluyen todos los temas
involucrados en los procesos de diagnóstico y tratamiento del TND.
Cualquier pregunta, aclaración o comentario sobre este artículo
puede ser dirigida a: Orlando4psy@hotmail.com
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* Orlando Villegas, psicólogo peruano
doctorado en los EEUU, trabaja como supervisor clínico en el Programa de
Niños y Familias en Southwest Counseling and Development Services, en
la ciudad de Detroit, Michigan.
Artículo aparecido en el boletín electrónico n.º
8 del APDA, del 15 de junio del 2005.
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