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LA INTERRELACIÓN ENTRE EL TRASTORNO NEGATIVISTA DESAFIANTE Y
EL TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN CON HIPERACTIVIDAD
Implicancias para el tratamiento (parte I)
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Orlando Vllegas Ph.D.*
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En esta primera parte presentamos algunas consideraciones
preliminares que consideramos de importancia capital antes de
discutir aspectos prácticos en el tratamiento de niños que
presentan un Trastorno Negativista Desafiante. En la segunda parte
del articulo, que será publicado en el Boletín Electrónico nº 8
del APDA, expondremos algunas técnicas específicas de manejo de la
conducta que son consideradas por su demostrada efectividad en el
trabajo terapéutico con estos niños.
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Uno de los aspectos más importantes a considerar en el
tratamiento de cualquier condición física o psicológica es el
diagnóstico inicial. El éxito del tratamiento va a depender en
gran medida del diagnostico asignado durante la primera fase de
dicho tratamiento. Tanto en salud física como en salud mental una
condición primaria generalmente se acompaña de síntomas
secundarios y en muchas ocasiones, no es fácil discriminar los síntomas
primarios de los secundarios. Este es el caso del Trastorno por Déficit
de Atención con Hiperactividad o TDAH y del Trastorno Negativista
Desafiante o TND. La literatura científica nos presenta una gran
diversidad de casos en donde ambas entidades diagnósticas se hacen
presente en un mismo individuo. Lo más común en estos casos es
encontrar el TDAH como diagnostico primario es el TDAH, mientras que
el TND aparece como síntoma asociado o secundario. Sin embargo, es
vital para el éxito del tratamiento el poder diferenciar los síntomas
que pertenecen al TDAH de aquellos que corresponden al TND. Si no
establecemos tal delimitación de síntomas, podemos fácilmente
caer el error de suponer que el tratamiento de la primera condición
implicará una mejoría en los síntomas de la segunda condición.
Con esto queremos decir que la mejoría en los síntomas del TDAH no
necesariamente conlleva mejoría en los síntomas del TND y
viceversa.
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En un estudio preliminar que realizamos con colegas de los
Estado Unidos, México y Argentina, encontramos que la mayoría
de las quejas de madres con hijos diagnosticados con TDAH
pertenecía a la categoría diagnóstica del TND, más que al
grupo de TDAH. Cuando les pedimos a estas mamás que indicaran
los síntomas más perturbadores en sus hijos, diagnosticados
con un TDAH, encontramos, en orden de frecuencia, los siguientes
síntomas:
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Síntoma
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Frecuencia
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Categoría
diagnóstica
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Pierde
el control e incurre
en pataletas
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30
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TND
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Desafía
activamente a los adultos o se niega a cumplir sus
demandas
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25
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TND
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22
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TDAH
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Se
distrae fácilmente
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19
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TDAH
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En el cuadro anterior podemos apreciar que los dos síntomas más comúnmente
mencionados por la mamás en nuestra muestra no corresponden al
grupo de síntomas del TDAH, sino más bien al grupo de síntomas
del TND. Esto mismo lo observamos comúnmente en nuestra práctica
privada, en donde las quejas/síntomas atribuidos a niños con
TDAH corresponden más al grupo TND que al de TDAH. Esta situación
genera confusión y desaliento en muchas familias que llevan al
niño a tratamiento por problemas de conducta en la casa y en la
escuela. Muchos de estos niños terminan con el diagnóstico
primario de TDAH y un posible diagnostico secundario de TND. Con
un diagnóstico primario de TDAH existe una alta probabilidad de
que el tratamiento central sea la medicación. Un medicamento
apropiado definitivamente ayudará con los síntomas de inatención
e impulsividad que caracterizan al TDAH. Sin embargo, el mismo
medicamento no será tan efectivo con los síntomas del TND. Si
dejamos de lado el tratamiento conductual y enfatizamos
solamente el medicamento, podemos estar seguros de que muchos de
los síntomas que generalmente perturban en estos niños quedarán
desatendidos. Al estar desatendidos, las posibilidades de mejoría
o no existen o son mínimas. Es precisamente acá donde se
genera la frustración en estas familias, quienes observan mejoría
en los procesos de atención y concentración en sus hijos y sin
embargo, no observan mejoría significativa en conductas
perturbadoras, tales como “no hacer caso”, “discutir todo
el tiempo”, “pataletas”, “encolerizarse y resentirse”,
“ser rencoroso y vengativo”, etc. etc. Cuando las quejas/síntomas
principales pertenecen al grupo de conductas antes mencionadas,
el diagnóstico apropiado es el de TND y no el de TDAH. Si en
adición a estas conductas el niño(a) aparece desatento e
impulsivo, podemos agregar entonces como diagnóstico secundario
(y no primario) un TDAH.
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Es muy importante que tanto
el profesional involucrado en los procesos de diagnostico y
tratamiento así como los padres de estos niños, tengan una
clara distinción entre el TDAH y el TND. Desde la escuela
primaria aprendimos que “el orden de los factores no altera el
producto”. Esta frase es válida para las operaciones de suma
y multiplicación, pero carece de validez cuando el producto
final es el diagnóstico apropiado para un niño que presenta a
la vez síntomas de TDAH y de TND. El orden de presentación de
diagnósticos en casos con múltiples condiciones patológicas
debe ir de acuerdo a la severidad de los síntomas. El primer
diagnostico a mencionar será aquel cuyos síntomas sean los más
severos y perturbadores, dejando en segundo lugar el diagnóstico
cuyos síntomas sean secundarios en importancia. Para algunos niños
el diagnóstico primario será TDAH y el secundaria el TND. Para
otros será el TND primero y luego el TDAH.
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Cuando nos referimos a los
tratamientos más efectivos para el TDAH y el TND, debemos
referirnos a las múltiples investigaciones cuyos resultados
aparecen en una gran variedad de publicaciones científicas. Con
esto pretendemos excluir los reportes anecdóticos sobre algunos
tipos muy particulares de tratamiento tales como masajes,
manipulación física del cuerpo, dietas, etc. Excluimos estos
tratamientos no en un afán de negar su efectividad, si no más
bien a fin de evitar una mayor frustración en los padres, que
están dispuestos a tratar lo que sea para encontrar una solución
sin medir los riesgos que pueden ocasionar tratamientos cuya
efectividad no ha sido científicamente comprobada.
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En lo que respecta al
tratamiento óptimo parta el TDAH, la literatura científica nos
habla de la alta efectividad de la combinación de medicamento con
entrenamiento/educación de padres en técnicas de modificación y
manejo de la conducta. Las técnicas psicoterapéuticas de orientación
dinámica y la terapia grupal no han demostrado un nivel
significativo de efectividad en el tratamiento de síntomas
primarios (atención, impulsividad, hiperactividad) en niños con
TDAH. Con relación al tratamiento de niños con TND, las terapias
cognitivas y cognitivo-conductuales han probado ser efectivas, al
igual que el entrenamiento de padres. No hay evidencias contundentes
sobre la efectividad de la medicación en estos casos.
Cualquier comentario referido al contenido de este
artículo es bienvenido; dirigirse a: orlando4psy@hotmail.com
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* Orlando Villegas, psicólogo peruano
doctorado en los EEUU, trabaja como supervisor clínico en el Programa de
Niños y Familias en Southwest Counseling and Development Services, en
la ciudad de Detroit, Michigan.
Artículo aparecido en el boletín electrónico n.º
7 del APDA, del 14 de marzo del 2005.
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