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TESTIMONIOS Y CONSEJO DE TRES NIÑOS CON TDAH
La
mamá de un niño distraído de 12 años con talento
literario nos relata una conversación con el médico
neurólogo:
Cuando
llevé a mi hijo de 12 años al neurólogo, ocurrió
el siguiente diálogo:
Neurólogo:
Cuéntame,
Alejandro,
¿por qué has venido?
Alejandro:
Porque soy distraído.
Neurólogo:
Haz de cuenta que soy un marciano que no sabe lo que
los terrícolas quieren decir con ser distraído, ¿cómo
me lo explicarías?
Alejandro: Cuando
uno es distraído, no le es fácil concentrarse por
mucho tiempo en una sola cosa. Por
ejemplo, a veces estoy en la clase
escuchando a la Miss, y de repente se cae
un borrador y yo tengo que voltear en
seguida para ver qué pasa; y luego alguien se
para y hace sonar su silla y me quedo pensando en la
silla... entonces escucho por la ventana que
alguien en el patio juega y me quedo pensando en ese
juego, entonces pienso: Ya, tengo que
concentrarme porque sino voy a perder mucho
tiempo, y me quedo pensando en que tengo que
concentrarme, y al final nunca me llego a
concentrar. Cuando intento volver a concentrarme
en lo que estaba, ya no puedo. En muchos casos ni
siquiera puedo resolver una suma de 2 + 2, y
lo tengo que resolver dibujándolo en mi mente o en
un papel o con mis dedos y eso me cuesta mucho
trabajo y mucho tiempo.
El
neurólogo me dijo: «Señora, en los muchísimos años
que llevo viendo niños distraídos,
nunca
había escuchado una descripción tan lúcida, tan
precisa de lo que es ser distraído. Su hijo es
un
narrador nato; ya es tiempo de que tengamos un nuevo
Vargas Llosa». Al final de la consulta me
dijo: «Me encantaría tener a niños como Alejandro
todos los días en el consultorio; con lo
inteligente, simpático y hasta carismático que es,
los resultados del tratamiento van a ser excelentes».
Al
regresar a consulta luego de tres semanas de tomar
tres veces al día su medicamento, el diálogo fue
el siguiente:
Neurólogo:
Cuéntame,
Alejandro, ¿buenas noticias?
Alejandro:
Sí.
Neurólogo:
Señora,
yo espero que las noticias sean excelentes, cuénteme
cómo van las cosas.
Yo:
No
sé qué pensar, juzgue usted. Sigue siendo el niño
alegre y juguetón de siempre, pero su percepción
de muchas cosas ha cambiado. Por ejemplo, me ha
pedido que le compre un reloj para poder organizarse
y que el tiempo le alcance para todo lo que tiene
que hacer. Se viste más rápido y ya no hay que
empujarlo a que haga todo. He descubierto en él las
habilidades literarias que usted anunció: hasta
ahora, solo me había escrito algo para el día de
la madre de este año; en los últimos días ganó
un concurso sorpresa de narración literaria de todo
el sexto grado de su colegio, adaptando una conocida
historia para niños y escribiendo con el estilo de
su famoso autor. Ya no hay anotaciones en la agenda
de que no presta atención, etc... Como sabe que
puede trabajar mejor, se ha vuelto más responsable
y anoche estuvo haciendo tareas hasta las doce de la
noche; había faltado al colegio el día anterior
por estar enfermo y quiso ponerse al día
inmediatamente.....
Neurólogo:
Bueno...,
tampoco hay que exagerar...
Testimonio de
Carlos, un niño distraído de 8 años, también con
talento literario:
Estimado
Doc: Hola, te mando mi testimonio:
Para mí ser distraído es cuando no presto atención
a mi Miss, a mi mamá y a mi papá y a otras
personas. Yo soy distraído porque pienso en sueños,
en los que yo soy el héroe, en la película que he
visto y por eso unas veces me saco en matemáticas
15, 16 y 12. Yo creo que soy distraído porque no me
dan ganas de estudiar o tal vez porque tengo sueño.
También porque estoy pensando en muchas películas,
cuándo me veré con mis amigos, a qué jugaremos.
Ser distraído en verdad es que no quieres saber lo
que la otra persona te está diciendo. Hoy día yo
ya estoy tomando mi pastilla y me he concentrado muy
bien en prácticas de matemáticas en la casa, y me
saqué 100%, 78% y 90% de puntaje de buenas
respuestas.
Firmado:
Anónimo.
Gracias por decirme de que soy inteligente. Usted es
muy bueno.
Comentario del neurólogo tratante:
Un
Vargas Llosa no viene solo; al poco tiempo lo
sigue un Bryce Echenique.
A
los dos meses de ver a Alejandro en el consultorio,
apareció Carlos, quien antes de las 24 horas de
haber estado en consulta me envió el segundo de los
testimonios. Agradezco a ambos su amabilidad y
deseos de compartir sus apreciaciones sobre lo que
significa ser distraído.
¿Por
qué anónimos? Alejandro y Carlos van a destacar,
en su momento, por sus indudables habilidades; no
hay necesidad de que llamen la atención por un
trastorno que van a superar con facilidad, aparte de
que una exposición prematura no suele ser
conveniente.
Alejandro
y Carlos van a tener mucho tiempo para decidir qué
rumbo dar a su vida. En cualquier caso, escribir
bien, manejar bien el idioma, les va a servir en
cualquier campo que escojan y no va a ocurrir con
ellos lo que no es infrecuente: que la lectura de un
artículo, un comentario o un libro de un
distinguido profesional impida apreciar la calidad
del tema tratado debido a una pobre redacción.
Consejos
de Marcos, niño distraído de 11 años, para no
perder el hábito de estudio:
Llega
el verano, ¿se pierde el estudio?
Yo
este año (cuando empezó el año escolar) no me
acordaba de algunas cosas de mate, estaba perdido.
He decidido que a comienzos de febrero del 2005
estudiaré una hora diaria.
¿Cuándo
comenzar? No existe una fecha obligatoria. Tú
tienes que llegar a la fecha que te parezca
conveniente, así como al tiempo que quieras
estudiar diariamente.
El
mejor momento para estudiar es la mañana. ¿Por qué
a esa hora? Porque en la mañana no has jugado, ni
has visto TV, y
si haces todo eso primero vas a querer seguir haciéndolo
y te vas a distraer pensando en eso cuando
estudies.
¿Qué
debo estudiar? Todos los cursos, pero si estás muy
mal en ciencia, entonces un poco más de ciencia no
te vendría mal.
El
lugar es algo muy importante, siempre se debe
estudiar en un mismo lugar, no puede tener cosas que
distraigan (juguetes, historietas, calcomanías,
cartas, etc.), debe tener solo lo necesario para
estudiar.
Testimonios
aparecidos en el boletín electrónico n.º 6 del APDA, del
11 de diciembre del 2004.
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