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¿QUÉ ES LA NEUROPSIQUIATRÍA?
COMENTARIO AL TRABAJO DEL PROF.
G. E. BERRÍOS
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Dr. Saúl Peña K.
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Es muy gratificante leer un trabajo del profesor G. E. Berríos
sobresaliente médico y neuropsiquiatra prominente que es un orgullo
para el Perú, profesor de Psiquiatría en la Universidad de
Cambridge. Tuve el privilegio y satisfacción de ser su profesor
cuando él era alumno de la Facultad de Medicina de San Fernando de
la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en el grupo al cual él
pertenecía. Desde ese momento me di cuenta de su talento,
conocimiento y cultura, no sólo en Psiquiatría sino en Filosofía
y otras disciplinas. Es un colega y amigo a quien valoro y aprecio
mucho, nos distingue internacionalmente. Tuve el gusto de estar con
él en Cambridge en una de mis visitas a Inglaterra y a pesar de la
distancia física mantenemos un afecto y amistad genuinos.
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Su trabajo se
distingue no solamente por su contenido sino por el conocimiento y
belleza de su escritura. Lo inicia refiriéndose a la palabra y sus
referentes; enfatiza que los nombres son una ayuda o un escollo en
todos los ámbitos, dando muestras claras de su talento clínico al
manifestar que se comportan como significantes variables. Luego
ofrece una lúcida visión de la historia de la neuropsiquiatría y
de cómo ésta ha cambiado. Válidamente se refiere a las
actividades clínicas de los médicos entrenados tanto en neurología
cuanto en psiquiatría; en una definición centrada en la identidad.
Sigue comunicando que en 1918 la psiquiatría relacionaba
perturbaciones mentales o emocionales a una función cerebral
alterada. Para establecer este vínculo hay que conocer ambas
especialidades.
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Su
propia definición es que se ocupa de las complicaciones psiquiátricas
de las enfermedades neurológicas. La definición norteamericana de
una psiquiatría biológica sí indicaría que es una orientación
que intenta considerar a la psiquiatría como una disciplina
proveniente de la biología. A mi entender, no necesariamente es así
dado que dentro de los factores y manifestaciones psicopatológicas
su génesis, sin marginar la participación de lo biológico, es básicamente
psicológica.
Existen
neuropsiquiatras que dan mayor énfasis a las manifestaciones psiquiátricas,
a la genética y a las zonas cerebrales alteradas; mientras que
otros piensan en puntos de vista opuestos, dándole énfasis a
factores existenciales, comunicativos, objetales, etcétera. Mi
posición como psicoanalista freudiano, dialéctico, heterodoxo,
antidogmático, existencial y humanista es que el paciente, tanto
psiquiátrico como neurológico es único, así tenga el mismo diagnóstico
que otros pacientes; su patología corresponde a factores
predisponentes (herencia y constitución), determinantes desde que
el bebe está dentro del útero de su madre, pasando por todas las
experiencias traumáticas, perturbadoras, frustrantes y saludables
hasta la edad en que el paciente se encuentre; y por último,
factores desencadenantes que son los que van a actualizar la
enfermedad o patología.
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El
profesor Berríos sigue refiriéndose al contexto que, de
acuerdo a su opinión, tiene que ver con la relación entre la
neurología, la psiquiatría y la estructura de los servicios de
salud. Pienso que para definirse como neuropsiquiatra desde un
punto de vista axiológico tiene que ser un médico formado y
con suficiente experiencia en ambas especialidades. He notado
que hay muchos más neurólogos que quieren asumir la identidad
de psiquiatras, que psiquiatras que quieran asumirla como neurólogos,
dado que hay un mayor reconocimiento en los psiquiatras que no
tienen suficiente conocimiento neurológico. De ahí que cuando
haya una presunción de compromisos neurológicos recurren a un
neurólogo. Creo que la especialidad neuropsiquiátrica tiene
sustentos igualmente éticos de ambos lados. Freud tuvo formación
neurológica seria, Berríos igualmente, en cambio hay otros
colegas que no la tienen y deberían reconocer esto.
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En
cuanto a la neuropsiquiatría en Cambridge (Reino Unido) no podría
estar de acuerdo en que la neurología sea una rama de la psiquiatría,
como no podría estar de acuerdo en que la psiquiatría lo fuera de
la neurología. Sí creo que inevitablemente el paciente neurológico
es un ser humano que tiene conflictos y sentimientos que acompañan
a sus dolencias y que el paciente psiquiátrico puede presentar
manifestaciones neurológicas no sólo como síntomas sino incluidos
en la génesis. Son tan vastos los campos, en que respetando la
libertad y motivación de cada profesional, así como las
circunstancias, sería conveniente mantener las especialidades,
diagnósticas y terapéuticas, diferenciadas y separadas al mismo
tiempo que vinculadas. Naturalmente, el neuropsiquiatra con las
condiciones que hemos señalado podrá hacerse cargo de ambas
especialidades.
Es
envidiable el nivel del trabajo clínico neuropsiquiátrico que,
como bien dice el profesor Berríos, constituyen paradigmas de
investigación. Es el caso del campus de Neurociencias de la
Universidad de Cambridge, la más grande en el Reino Unido que
incluye múltiples áreas de investigación. Realmente
impresionante. El Servicio de Neuropsiquiatría incluye seis clínicas
conectadas con la mayoría de los centros de investigación. Esto
denota que es indispensable la comunicación permanente, manteniendo
identidades y diferencias entre psiquiatras y neurólogos, sin
limitar por supuesto ninguna especialidad agregada.
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En
cuanto a los hallazgos coincido en que los trastornos neurológicos
se acompañan de componentes psicológicos inevitables y también de
componentes psiquiátricos con diferencias de grados cualitativos y
cuantitativos.
Sobre
las implicancias y el diagnóstico coincido nuevamente en que, como
dice el Dr. Berríos, esto plantea problemas teóricos y prácticos.
Los primeros tienen que ver con su naturaleza y formación y los últimos
con su actitud terapéutica. Los tratamientos psiquiátricos se
basaban en una combinación de conocimiento psicofarmacológico,
imaginación terapeútica y relaciones específicas entre médico y
paciente, en nuestro país sigue existiendo, a diferencia de
Inglaterra en que hay lineamientos gubernamentales estrictos.
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Es
interesante lo que dice el Dr. Berríos que los pacientes neurológicos
tienen mayormente síntomas mentales y sólo raras veces trastornos
mentales que incluso pueden ser distorsionados por la presencia de déficits
cognitivos expresionales o emocionales relacionados directamente con
lesiones neuropatológicas.
En
relación a las copias de la conducta y el problema de la formación
de los síntomas, el Dr. Berríos plantea una serie de preguntas
respecto a los síntomas y a los trastornos mentales ocasionales con
los que se encuentra en el contexto de su práctica especializada,
preguntas muy pertinentes que, como bien dice, van probablemente a
la esencia de la psicopatología y cuestionan incluso la capacidad
epistémica del lenguaje de la psiquiatría, su valor
discriminativo.
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Estas preguntas han
sido respondidas de diferentes maneras, por unos que las llamadas
alucinaciones orgánicas (síndromes cerebrales agudos o crónicos)
eran diferentes a las alucinaciones psiquiátricas y otros que creen
que son los mismos fenómenos. La psiquiatría biológica, en
ocasiones, es implacable en su reduccionismo y en sus esfuerzos por
imponer su mecanismo causal. En cambio existen otros
neuropsiquiatras con larga experiencia clínica que no están tan
seguros de esto y más bien se preguntan sobre la posibilidad de
etiologías múltiples. Yo soy de los que consideran a cada paciente
y a cada terapeuta, a cada psiquiatra y a cada neurólogo como únicos
y no solamente a ellos, sino a la relación que establecen entre sí.
Esto es lo que mi experiencia clínica de muchos años me ha hecho
reconocer y seguir aprendiendo de cada uno de mis pacientes, de mí
mismo y del vínculo. Creo que estos problemas deben ser abordados
por neurólogos y psiquiatras pero que tengan entrenamiento,
experiencia y conducta ética. No creo en las generalizaciones. El
problema, aparte de lo que dice el doctor Berríos, tiene que ver
mucho con la ideología y filosofía de la enseñanza médica.
Existe una diferencia muy grande
entre lo que nos describe el Dr. Berríos con mucha razón por ser
un clínico con una percepción suficiente para reconocer lo que
pasa no solamente en Cambridge sino en Inglaterra, en Europa y más
allá, y el caso del Perú donde no encuentro muchos psiquiatras que
quieran ser minineurólogos, ni miniradiólogos ni minigenetistas.
Yo soy un psiquiatra clínico y dedicado fundamentalmente, aparte
del psicoanálisis, la psicoterapia psicoanalítica y la enseñanza
a su aplicación a las parejas, familias, grupos, comunidades y al
estudio interdisciplinario. Es de remarcar la enorme importancia de
la relación entre el psicoanálisis y las ciencias sociales, históricas,
filosóficas, antropológicas, políticas etcétera. Y es un
privilegio haber dictado últimamente, en la Doctoral de Ciencias
Sociales e Historia de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos,
cursos de Psicoanálisis y Sociedad, y Psicoanálisis e Historia, a
profesionales de estas disciplinas
La
más grave patología dentro de la psiquiatría es la psicopatía
que se está extendiendo lamentablemente en niveles alarmantes a la
persona, la familia y la sociedad y con perturbaciones manifestadas
en la corrupción, el narcotráfico, el contrabando, la delincuencia
y lo que es más grave, el genocidio. En esto, a mi entender, es lo
que los especialistas deberíamos interesarnos a fondo para intentar
mejorar al ser humano y a la humanidad.
Para terminar quisiera mencionar
lo que dice Laín Entralgo refiriéndose al psicoanálisis, a su
aportación, “quien sepa prescindir de todo dogmatismo de escuela
freudiana o antifreudiana, admitirá que la contribución del
psicoanálisis permitió a la medicina comenzar a ser antropológica,
el descubrimiento de la rigurosa necesidad del diálogo con la
persona del enfermo. Clínica y patológicamente, el enfermo llegó
a ser considerado como persona en la genuina acepción del vocablo;
libre, racional e íntima. Luego de haber sido la medicina
cosmopatológica (anátomo-clínica, fisiopatológica, química o
etiopatológica). La medicina antropológica comprende una triple
tarea: política, humana y científica.”
Lima,
17 de octubre de 2005
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El artículo del Prof. G. E. Berríos puede leerse en: http://www.deficitdeatencionperu.org/berrios%20castellano.htm
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