Psicoterapeuta
Beatriz Alcalde*
Los obstáculos no me pueden
aplastar. Cada uno de ellos cede ante mi férrea
voluntad. Aquel que tiene su mirada puesta en una
estrella, no se deja amilanar.
Leonardo da Vinci
La terapia psicoanalítica se basa
en la teoría postulada por Freud. El campo de la
psicoterapia psicoanalítica es el conflicto psíquico
que se da entre nuestros deseos e impulsos y la
representación del mundo externo con sus límites y
prohibiciones: lo apropiado, lo adecuado, lo
correcto, que codifican ciertos deseos como
inaceptables. Este conflicto produce angustia y según
como lo resolvamos resultaremos en individuos más o
menos sanos o se desarrollará una patología.
El asunto es cuánto incide la
realidad exterior y cuánto es producción de
nuestro psiquismo.
En el tema que nos congrega, personas con
Trastorno por Déficit de Atención con
Hiperactividad (TDAH), definitivamente existe un
conflicto entre las exigencias de la realidad y la
capacidad del individuo para controlar sus impulsos
y deseos, agravado por la dificultad que presentan
para interpretar esta realidad —creencias
irracionales.
Muchos casos de depresión,
fobias, hipocondrías, paranoias etc. se deben a un
sentimiento básico de angustia por percibirse el
sujeto como débil, en peligro ante un mundo
amenazante; esto debido a un déficit en el
sentimiento de seguridad básico por falla del
ambiente en proveérselo. Las figuras significativas
pueden haber fallado en aportar al sujeto las
condiciones que permiten desarrollar funciones
esenciales para el funcionamiento del psiquismo,
como son la regulación de la autoestima, de la
ansiedad —o la capacidad de tolerarla— o la
vitalidad del deseo.
La autoestima se construye básicamente
por participación del objeto externo. Si no hubiera
otro que contemple al niño con admiración, que lo
haga creer que es capaz y hábil, lo único que este
niño podría captar sería su torpeza al compararse
con el adulto. Hay quienes no pueden mirarse de esta
forma porque el objeto externo falló en
proporcionar esta realimentación positiva. Esto
configura lo que en psicoterapia se denomina un trastorno
por déficit.
Es
así que, para cuando el TDAH es diagnosticado, el
paciente ha pasado ya por mucho sufrimiento. La
experiencia de tener TDAH está llena de vergüenza,
humillación y autocastigo, muchos pacientes sienten
que han perdido la confianza en sí mismos y tienen
una historia de constantes malentendidos. Muchos
pacientes adultos llegan luego de una vida de
consultar con diferentes especialistas sin haber
encontrado una respuesta, lo que se manifiesta en
una pérdida de la esperanza, han olvidado lo bueno
que hay en ellos, han perdido de vista la
posibilidad de que las cosas puedan ir bien. Se
mantienen “resistiendo” en una actitud
totalmente defensiva ante el entorno, se podría
decir que “apenas con la cabeza fuera del agua”.
La gran mayoría de estas personas
llega a la consulta no por TDAH sino por cuadros de
depresión, ansiedad, adicciones, baja autoestima,
cuadros psicosomáticos o fobias que han resultado
como expresión de las defensas que el individuo ha
tenido que ejercer para desarrollarse y sobrevivir
sin comprender, en un mundo que no lo comprendía.
El tratamiento del TDAH debe ser
un proceso activo y multidisciplinario. Desde el
momento que el TDAH es diagnosticado por el neurólogo,
el paciente debe tomar conciencia de su condición e
iniciar un proceso de reacomodo, de reestructuración
de su vida. Este proceso de reestructuración debe
ser tanto interno como externo. Se deberán tratar
los problemas de atención, distracción e
impulsividad con las terapias y medicación
adecuadas pero sería un error descuidar los
problemas de ansiedad, depresión y autoestima
existentes.
Una reestructuración interna
implica darse cuenta de
las percepciones negativas acumuladas que se
tiene de sí mismo y tratar de librarse de ellas,
tratar de rescatar la imagen devaluada de sí mismo,
de re pensarla. Es aquí donde la psicoterapia
psicoanalítica puede ayudar al paciente con TDAH.
La psicoterapia psicoanalítica
puede ayudar al paciente con TDAH a reconciliarse
con sus heridas y fracasos pasados. A aprender a
aceptar sus imperfecciones, a abandonar las antiguas
defensas patológicas que creaban barreras entre él
y los demás. Podrá seguir teniendo los mismos
problemas neurológicos que tuvo desde niño pero
será capaz de superar
muchos de los problemas emocionales
originados por sus repetidas fallas. Este
tipo de terapia se orienta a reestructurar defensas,
trabajando los
traumas para lograr sustituir las defensas patológicas
por unas más saludables.
El individuo con TDAH es ante todo
y en primer lugar una persona y en segundo lugar una
persona con TDAH y si bien esto debe ser tenido en
cuenta, no debe impedir el verlo como un individuo
único, con su historia particular, su
idiosincrasia, gustos, preferencias y bagaje de
experiencias. Es por esto que es indispensable que
el terapeuta psicoanalítico que trate a un paciente
con TDAH tenga una comprensión cabal de lo que es
el Trastorno por Déficit de
Atención con Hiperactividad. Deberá ser
capaz de reconocer en su paciente a una persona con
un problema neurológico y darse cuenta que en
muchas ocasiones lo que observe no sea expresión de
un conflicto intrapsíquico, sino manifestación de
este trastorno bioquímico.
En el tratamiento del paciente con
TDAH, el rol del terapeuta deberá ser más activo,
deberá ayudar a estructurar las sesiones. La regla
fundamental del psicoanálisis, “que el paciente
debe hablar todo aquello que le venga a la mente”
puede dejar al paciente totalmente perdido o puede
darse el caso que una vez que empiece no sabrá cómo
ni donde parar. Lo que usualmente se busca en este
tipo de terapia es que el paciente deje el control
conciente de sus pensamientos, que deje fluir sus
asociaciones para así ir descubriendo lo que se
encuentra en el inconsciente. En el caso del
paciente con TDAH esto podría conducir a una
inundación de pensamientos incompletos e imágenes
sin sentido, dejando a ambos terapeuta y paciente
frustrados y confundidos.
El terapeuta deberá participar
ayudando al paciente a no perderse en monólogos
infructuosos proveyendo algo de dirección y guía a
través de sus pensamientos y asociaciones, dando
prioridad a las producciones mentales, prestando
atención a lo relevante y dejando pasar el material
inservible, irrelevante o contaminante. Lo más
importante va a ser la relación que terapeuta y
paciente logren establecer, una relación de
confianza y serena comprensión y escucha, que
permita sentir al paciente, sílaba por sílaba,
imagen por imagen, la sensación de ser reconocido,
para muchos, por primera vez.
Es decir, que no solo la alteración
del cerebro cambia nuestra conducta, sino que la
modificación de nuestra conducta también cambia el
cerebro. Si las personas pueden variar la forma en
que piensan y sienten sobre sí mismas o sobre algún
aspecto de sus vidas, este cambio se ha producido
porque el “hablar sobre sus problemas” ha
modificado la forma de funcionar de su cerebro.
Es importante dejar muy en claro
que la psicoterapia psicoanalíticamente orientada
puede ayudar y de hecho ayuda al paciente con TDAH,
pero el tratamiento es conjunto: medicación en caso
de ser necesaria y terapia es con lo que se obtienen
mejores resultados. En caso de pacientes adultos en
que los síntomas de TDAH se han mitigado y lo que
queda son los estragos de una infancia con TDAH, la
psicoterapia psicoanalítica es la mejor opción.