 |
EL TDAH Y SUS TRASTORNOS COMÓRBIDOS
|
| |
Steven
Pliszka, M.D*
|
|
El TDAH es el trastorno del
comportamiento más común de la niñez. El TDAH no complicado es un
trastorno bastante sencillo de diagnosticar y tratar, pero un número
significativo de niños y adolescentes con TDAH tiene trastornos comórbidos.
En estas situaciones, el diagnóstico diferencial es mucho más difícil
y el tratamiento puede ser bastante complejo. En el transcurso de
las últimas décadas, se han efectuado numerosas investigaciones
para determinar la prevalencia de los diversos diagnósticos comórbidos
en niños con TDAH. El diagnóstico comórbido más común es el del
trastorno negativista desafiante, que puede afectar hasta al 60% de
niños y niñas con TDAH. Un porcentaje menor, de alrededor del 20%
de los niños con TDAH, puede desarrollar el trastorno disocial.
|
|
Las
cifras de prevalencia para los trastornos del estado de ánimo y
de ansiedad son algo más variables y no están tan bien
definidas, pero por lo menos un tercio de los niños con TDAH
puede desarrollar un trastorno de ansiedad. La cifra para
trastorno depresivo mayor en niños con TDAH ha sido estimada en
10 a 30%. Las cifras para la prevalencia de manía en niños con
TDAH son algo más difíciles de determinar.
Biederman y sus colegas encontraron que hasta el 16% de
su muestra de niños con TDAH cumplía con los criterios para
manía. En contraste, el estudio de Tratamiento Multimodal del
TDAH (MTA)1 del U.S. National Institute of Mental
Health no consideró necesaria la exclusión de ningún niño.
Sin embargo, el estudio MTA sí encontró un subgrupo de
niños con TDAH que mostraba niveles muy altos de labilidad,
agresión e hiperactividad. A menudo hay desacuerdo entre los clínicos
sobre cuántos de estos tipos de niños tienen realmente
trastorno bipolar.
|
|
El trastorno negativista
desafiante (TND) es un patrón de comportamiento oposicionista,
hostil y desafiante. Los niños con el TND se enfadan con
facilidad, discuten y con frecuencia desafían a los adultos, y
muestran conducta que irrita a sus compañeros. Tienden a
permanecer disgustados y resentidos por largos períodos de
tiempo y a menudo son rencorosos y vengativos. El TND varía
grandemente en severidad. Es importante notar que tanto el TND
como el trastorno disocial son diagnósticos descriptivos que no
implican una etiología particular. Esto contrasta con el TDAH
que es una condición primariamente neurobiológica. El TND
puede ser secundario al TDAH —un niño con TDAH puede ser tan impulsivo que reacciona con cólera e
imprudencia a cualquier pedido de los adultos y a cualquier
situación estresante. Por lo tanto es importante que cuando el
niño cumpla con los criterios de TDAH y de TND, el clínico
considere el TDAH como primario. Numerosos estudios han mostrado
que las conductas oposicionistas mejoraron con el tratamiento
del TDAH. Esto es válido para todos los tratamientos efectivos
del TDAH, que incluyen a los estimulantes y la atomoxetina.
El trastorno disocial (TD) es un
trastorno mucho más severo, puesto que implica agresión y conducta
antisocial. Los niños con TDAH y trastorno disocial pueden
diferenciarse de aquellos que tienen solo TDAH por una serie de
factores. Los niños con TND/TD también tienen más probabilidades
de tener trastornos de aprendizaje, particularmente en el área del
lenguaje. Es más probable que tengan historia familiar de
comportamiento antisocial y están en un mayor riesgo de desarrollar
conducta delincuencial durante la adolescencia. Los niños solo con
TDAH tienen un riesgo más alto de desarrollar trastornos de abuso
de sustancias como adultos, pero los niños con TDAH y TND/TD a
menudo ya han empezado la experimentación con sustancias ilegales
durante el inicio de la adolescencia.
|
|
Es importante recordar que los niños
con TDAH y TND/TD comórbido responden tan bien a los
estimulantes como los niños con TDAH solo. No hay evidencia de
que los estimulantes u otros medicamentos usados para tratar el
TDAH, a dosis adecuadas, incrementen la agresividad excepto en
muy raras circunstancias. Ha habido numerosas investigaciones
sobre si el tratamiento con estimulantes es de por sí un factor
de riesgo para abuso de sustancias. Timothy Wilens y sus colegas
revisaron un número grande de estudios que examinaban la
incidencia de trastornos de abuso de sustancias en niños con
TDAH, en función de su historia de tratamiento con
estimulantes. En realidad los niños que nunca recibieron
tratamiento medicamentoso tuvieron una más alta incidencia de
abuso de sustancias que los que recibieron tratamiento. Esto
sugiere que un tratamiento efectivo del TDAH puede realmente
prevenir el desarrollo futuro de trastornos de abuso de
sustancias.
|
|
Si las conductas oposicionistas y
agresivas persisten luego de que el TDAH ha sido adecuadamente
tratado, deben considerarse varias estrategias. El clínico debe
considerar añadir un programa de manejo de la conducta. Este
usualmente consiste en identificar conductas oposicionistas
claves a las que se debe apuntar —por ejemplo un niño
necesita incrementar conductas como no pegar a su hermano, hacer
las cosas la primera vez que se le pide y hacer sus tareas en
casa con prontitud. Cada día recibe puntos del padre, en base a
cuán bien ha cumplido con sus obligaciones. Su propina semanal
se basará entonces en los puntos ganados durante la semana. Si
gana un número particularmente alto de puntos, entonces se le
concede un privilegio especial. Si
por el contrario, el número de puntos es extremadamente
bajo, habrá algunas restricciones en las actividades del fin de
semana. Los alfa-agonistas tales como la clonidina o guanfacina
han sido combinadas con la medicación estimulante para tratar
las pataletas y la agresión. Sin embargo, pueden ocurrir
efectos adversos como mareos y disminución de la presión
arterial y hay que advertir a los padres sobre estos riesgos. En
situaciones severas, cuando la conducta agresiva es peligrosa
para el paciente y para otros, los estabilizadores del ánimo o
la medicación antipsicótica pueden ser apropiados. Regresaré
a este tópico después de ocuparme del TDAH y el trastorno
bipolar.
|
|
Los estudios que han
examinado la prevalencia de los trastornos depresivos en niños
y adolescentes con TDAH han dado resultados variables. Alrededor
del 11% de los pacientes en el estudio MTA del TDAH
cumplió con los criterios para trastorno depresivo mayor (TDM).
En la mayoría de los estudios de niños con depresión la
incidencia de TDAH es de aproximadamente 30%.
Cuando un niño se presenta con TDAH y TDM el clínico se
enfrenta al dilema de cuál de las condiciones tratar primero.
El Proyecto
del Algoritmo Medicamentoso del Hospital de Niños de Texas (CMAP)2
recomienda que el clínico evalúe cada uno de los trastornos
para determinar cuál es el más severo; este trastorno deberá
ser el foco del manejo psicofarmacológico inicial. Cuando se
determina que el TDAH es el trastorno más severo, luego de
haber sido este tratado exitosamente el clínico debe determinar
si los síntomas depresivos continúan siendo problemáticos. De
ser así, el clínico deberá iniciar el tratamiento de la
depresión, generalmente con un inhibidor de la recaptación de
serotonina, o instituir una intervención psicosocial. Por el
contrario, si el episodio depresivo mayor es bastante severo
(con un alto nivel de síntomas neurovegetativos o ideación
suicida), entonces el tratamiento antidepresivo deberá ser la
intervención inicial. Si los síntomas
del TDAH persisten luego de que la depresión ha remitido, puede
agregarse un estimulante al régimen antidepresivo.
|
|
Hasta un tercio de los niños con TDAH
puede también tener un trastorno comórbido de ansiedad. Con
bastante frecuencia, estos síntomas de ansiedad son de leve
severidad y están relacionados al alto nivel de estrés que el niño
experimenta debido a la disfunción en su vida. Si las
preocupaciones del niño están confinadas a las consecuencias de
sus conductas debidas al TDAH, el clínico puede ser razonablemente
optimista en el sentido de que estos síntomas de ansiedad van a
remitir una vez que el TDAH esté bajo control.
En otros casos, sin embargo, el niño
sufre de ansiedad intensa que incluye fobias, síntomas
obsesivo-compulsivo o altos niveles de ansiedad generalizada
asociados a síntomas fisiológicos tales como taquicardia, tensión
muscular o dificultad para dormir. El Proyecto del Texas
Children’s (CMAP) recomendó dos diferentes aproximaciones
para lidiar con esta situación. Como la atomoxetina ha mostrado ser
eficaz en el tratamiento de la ansiedad y el TDAH, puede ser
considerada como el tratamiento inicial en esta situación. De
manera alternativa, el niño puede ser tratado con un estimulante,
pero si los síntomas de ansiedad no remiten luego del tratamiento
del TDAH, se puede agregar al tratamiento estimulante un inhibidor
de la recaptación de serotonina para tratar tanto la ansiedad como
los trastornos depresivos. No hay que olvidar que la psicoterapia,
especialmente la psicoterapia cognitivo-conductual, es un
tratamiento muy eficaz para estos trastornos. Por lo tanto, es
igualmente aceptable combinar el tratamiento farmacológico del TDAH
con una intervención psicosocial para la ansiedad.
El tratamiento de la comorbilidad de
TDAH y trastorno bipolar es tal vez uno de los problemas más difíciles
en la psiquiatría de niños y adolescentes. Para el propósito de
este artículo incluiremos en el espectro bipolar a aquellos
pacientes con labilidad severa del ánimo y agresividad que pueden
no tener todos los síntomas clásicos del trastorno bipolar de
acuerdo al DSM IV. Si un paciente con TDAH es floridamente maníaco,
la estabilización del ánimo es la prioridad y el tratamiento del
TDAH deberá ser diferido hasta que ello ocurra. En la niñez y
adolescencia, el litio y el valproato han sido estudiados en
estudios controlados. Información considerable proveniente de
estudios abiertos sugieren la eficacia de los antipsicóticos atípicos.
Los antipsicóticos atípicos tienen la ventaja de tener un rápido
inicio de acción y una dosificación flexible. Ellos requieren
menos monitorización que el litio o valproato. Sin embargo, ellos
están asociados a aumento de peso, riesgo de diabetes, síndrome
metabólico y colesterol elevado. Los niños con antipiscóticos atípicos
requieren monitorización del peso y lípidos sérico por lo menos
dos veces al año. Cuando la estabilización del ánimo ha sido
lograda, el tratamiento del TDAH puede progresar. En situaciones en
las cuales el diagnóstico de la manía es menos claro o está en
duda, el tratamiento inicial debe dirigirse al TDAH. Si los síntomas
putativamente maníacos desaparecen con el tratamiento exitoso del
TDAH, es improbable que el niño realmente sufra de trastorno
bipolar. Por el contrario, si los síntomas de desatención, de
impulsividad y del ánimo no se resuelven con el tratamiento del
TDAH o si el niño empeora, entonces el clínico puede proceder al
tratamiento con agentes anti-maníacos.
El tema final a tratar es la
comorbilidad de tics y TDAH. En una época se creía que los tics
eran una contraindicación absoluta para el tratamiento estimulante.
Las evidencias recientes han mostrado, sin embargo, que no hay
diferencia estadísticamente significativa entre el placebo y los
estimulantes en términos de su propensión a causar tics en niños
que tienen TDAH y trastornos de tics comórbidos. Sin embargo, la
mayoría de clínicos encuentra pacientes con TDAH y tics comórbidos
que tienen un incremento en los tics cuando se les inicia un
tratamiento con medicación estimulante. En esta situación, el clínico
debe probar con una medicación alternativa para el TDAH en un
esfuerzo por controlar los síntomas del TDAH sin exacerbar los
tics. En algunas situaciones, sin embargo, el paciente solo responde
al estimulante con relación a su TDAH pero empeoran el número y la
severidad de los tics. Si esto ocurre, el clínico debe considerar añadir
un alfa-agonista a la medicación estimulante. Solo en las
situaciones más severas, el clínico debería considerar añadir un
antipsicótico atípico.
Resumiendo, el TDAH puede ser comórbido
con una amplia gama de trastornos. Afortunadamente, hay un conjunto,
igualmente diverso, de enfoques terapéuticos que el clínico puede
aplicar a estas situaciones. Como resultado de ello, es posible
ayudar sustancialmente a estos difíciles pacientes.
|
|
*Steven R. Pliszka M.D.,Professor and Vice Chair; Chief, Division of Child
& Adolescent Psychiatry, Dept. of Psychiatry, University of Texas Health Science
Center at San Antonio, San Antonio, Texas, USA.
El
Dr. Armando Filomeno, quien conocion al Dr. Pliszka en la 17ª
Conferencia Anual Internacional del
CHADD en octubre del 2005 en Dallas, USA, agradece al
distinguido profesional por este excelente artículo que se encargó
de traducir para el boletín
electrónico nº 12 del APDA, emitido el 28 de junio del 2006, que puede leerse en su lengua original en: www.deficitdeatencionperu.org/pliszka.htm
Siglas en inglés de Multimodal Treatment Study of
Children with ADHD. Nota del traductor
2 Siglas en inglés de The Texas Children`s Medication Algorithm
Project. Nota del traductor.
|
|
|
|