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A
este trastorno se le conocía anteriormente como Disfunción
Cerebral Mínima y en nuestro país era uno de los tantos problemas
que se englobaban en el diagnóstico de disritmia, que nunca tuvo
validez en el resto del mundo; felizmente cada día se hace menos
este último diagnóstico, que se basaba en anormalidades --más
supuestas que reales-- en el electroencefalograma y que se trataba
infructuosamente con anticonvulsivos o con medicamentos anodinos.
El
Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es el
más frecuente en la práctica neuropediátrica, al lado de la migraña.
Está presente en el 5% al 10% de los niños y adolescentes,
persistiendo hasta la edad adulta en las dos terceras partes de los
casos. Con frecuencia se asocia a problemas de aprendizaje, de
conducta (especialmente el trastorno negativista desafiante),
ansiedad y depresión; la asociación de TDAH y migraña es común,
por ser frecuentes ambos trastornos. Con menor frecuencia el
trastorno que nos ocupa se asocia a trastorno bipolar, tics o Síndrome
de Tourette, y trastornos del espectro autista.
Los
problemas principales que acarrea un TDAH no tratado adecuadamente
son: pérdida de interés en los estudios y fracasos académicos,
dificultad o imposibilidad de seguir estudios universitarios, riesgo
de drogadicción y delincuencia (especialmente cuando hay problemas
de conducta asociados), frustraciones en la carrera y en el trabajo,
dificultades sociales y matrimoniales. Por todo lo anterior,
constituye un problema de salud pública, habiendo sido declarado así
en los Estados Unidos de Norteamérica
Factor
genético
El
mecanismo etiopatogénico más aceptado es un aumento en el número
de transportadores de dopamina y de norepinefrina, que causa una
recaptación excesiva de estos neurotransmisores. Esto explica bien
el mecanismo de acción de los medicamentos: el metilfenidato y las
anfetaminas --los medicamentos más efectivos-- bloquean el
transportador de dopamina, y la atomoxetina bloquea el transportador
de norepinefrina, permitiendo que los respectivos neurotransmisores
actúen durante más tiempo. El factor etiológico presente en casi
todos los pacientes es el genético, con la participación de varios
genes, que incluyen genes del receptor de dopamina. En algunos
pacientes puede haber algún factor adquirido que favorezca la
aparición de los síntomas en quien tiene la herencia.
Puede
sospecharse que un niño tiene déficit de atención cuando: no
atiende como es debido en la casa o en el colegio, necesita que se
le repitan las órdenes o instrucciones, tiene dificultad para
organizar sus actividades, a la menor dificultad abandona lo que está
haciendo, extravía prendas u objetos, se distrae con cualquier estímulo,
es descuidado en sus actividades diarias. Puede sospecharse que el
niño tiene hiperactividad e impulsividad cuando: se mueve
continuamente en el asiento, se levanta de él innecesariamente, está
en constante actividad, necesita que se le sugiera qué hacer en sus
ratos de ocio, habla excesivamente en la casa y en el colegio, tiene
dificultad para esperar su turno, precipita respuestas, interrumpe
las conversaciones de quienes lo rodean.
Diagnóstico
El
diagnóstico del TDAH suele ser fácil cuando lo efectúa un médico
experto, siendo en nuestro país el neurólogo, especialmente el
neuropediatra, quien tiene más conocimientos y experiencia en este
campo; una historia clínica adecuada y el cuestionario del DSM IV
(Manual Diagnóstico y Estadístico de la Asociación Psiquiátrica
Americana) suelen ser suficientes. El cuestionario de Adler, Kessler
y Spencer, auspiciado por la OMS --que puede obtenerse libremente en
Internet-- es de utilidad en los adultos. La presencia de este
trastorno en la familia cercana ayuda en el diagnóstico; raras
veces es necesario recurrir a pruebas psicológicas o a exámenes
auxiliares.
Los
componentes del Trastorno por Déficit de Atención con
Hiperactividad son: el déficit de atención y la
hiperactividad-impulsividad; basta que esté presente uno de dichos
componentes para hacer el diagnóstico. Existen tres tipos del TDAH:
el tipo combinado, cuando ambos componentes están presentes, el
tipo con predominio de déficit de atención y el tipo con
predominio de hiperactividad-impulsividad. Desde el punto de vista
biológico estos tres tipos son iguales, pudiendo verse en una misma
familia las diferentes variedades del trastorno; el tratamiento
farmacológico también es igualmente efectivo en los tres tipos.
Hasta hace algunos años se creía que el TDAH desaparecía con la
adolescencia y que ya no estaba presente en la edad adulta, debido a
que el componente más llamativo, la hiperactividad, suele mejorar o
aun desaparecer con los años; actualmente se sabe que en las dos
terceras partes de los casos, el TDAH persiste durante toda la vida.
Tratamiento
El
tratamiento más efectivo es el farmacológico. El metilfenidato es
el medicamento más usado y el considerado más efectivo; se usa
desde hace más de 40 años y es uno de los medicamento más inocuos
que existen. Es efectivo para la hiperactividad, la impulsividad y
el déficit de atención; también ayuda en cierto grado en los
problemas de conducta. En nuestro medio sólo se consigue el
metilfenidato de liberación inmediata, que debe administrarse tres
veces al día para obtener el máximo beneficio; la dosis debe ser
determinada de acuerdo al efecto que se obtenga, pudiendo
considerarse como referencial la dosis de alrededor de 0.6 a 0.8
mg/kg/día. En otros países existen preparados que actúan durante
8 horas y 12 horas, que se espera que lleguen próximamente al Perú;
esto va a hacer innecesario que los niños tengan que tomar el
medicamento en el colegio.
La
dextroanfetamina se considera de efectividad similar a la del
metilfenidato, pero no está a la venta en nuestro país. Existe una
mezcla de sales de antefamina y de dextroanfetamina que se está
usando mucho en otros países, como preparado de 12 horas de duración.
Otro medicamento útil es la atomoxetina, introducida en el Perú
hace poco más de medio año; no es tan efectiva como el
metilfenidato, su efecto tarda más en aparecer, sus efectos
secundarios son mayores y tiene un precio varias veces mayor, siendo
sus principales ventajas que se administra sólo una vez al día y
que no aumenta los tics, cosa que ocurre ocasionalmente con el
metilfenidato. El bupropion, la venlafaxina y la clonidina tienen
cierta utilidad; los dos primeros cuando el TDAH se asocia a depresión
y el último cuando hay hiperactividad, impulsividad y agresividad
marcadas.
Los anticonvulsivos, que se usaron mucho
y durante muchos años en nuestro medio cuando se hacía el diagnóstico
de disritmia, no tienen lugar en el tratamiento del TDAH por ser
inefectivos; estos medicamentos, a los que actualmente se les
reconoce un efecto estabilizador del ánimo, pueden ayudar cuando
este trastorno se acompaña de marcada agresividad. Algunos
tratamientos no medicamentosos cuyo uso se está difundiendo debido
a la publicidad, como el neurofeedback y la dieta libre de gluten y
caseína —que son costosos y que no corresponden a la medicina académica
sino a la alternativa— no han demostrado ser efectivos; en el caso
del primero no hay ningún estudio aceptable que demuestre su
efectividad y el segundo no ha sido estudiado seriamente.
De acuerdo a los trastornos que acompañen
al TDAH y luego de ver el efecto medicamentoso, muchas veces es
necesario emplear alguna terapia complementaria, como terapia de
conducta, coaching, terapia de
aprendizaje, o terapia de nivelación.
Son errores comunes en el manejo del
TDAH: no usar medicación por temores infundados o por desinformación;
cambiar al niño de colegio esperando que esto solucione el
problema; no efectuar terapias complementarias cuando ellas son
necesarias; no recomendar lecturas adecuadas a los padres para
asegurarse de que el manejo en casa sea el adecuado; no asegurarse
de que el manejo en el colegio sea igualmente adecuado; olvidar que
el TDAH es un trastorno crónico y cantar victoria antes de tiempo,
abandonando la medicación, las terapias y el seguimiento médico.
Resumiendo, hay que hacer notar
que para que el tratamiento sea efectivo --luego de un correcto
diagnóstico--, el paciente debe ser controlado por el médico
especialista, mediante un cuidadoso seguimiento, para evaluar el
cumplimiento en la administración del medicamento y asegurarse de
que se obtenga el efecto óptimo; para recomendar alguna terapia
complementaria cuando ella sea necesaria; y para vigilar el manejo
en casa y en el colegio. Cuando todo esto se cumple, los resultados
suelen ser buenos.
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