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Cuando pensamos en salud mental, esto se hace mucho más
complejo. Un sujeto presenta síntomas que por lo general son
tan solo exageraciones, o variaciones, de características
normales. Solo a veces estos resultan evidenciables, pero en la
mayoría de los casos son predominantemente subjetivos, como la
angustia, la tristeza, la insatisfacción, por solo mencionar
algunos de ellos. Es entonces mucho más complejo pensar en
arribar a un diagnóstico.
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El trastorno por déficit
de atención es un trastorno que puede presentarse en una amplia
esfera de síntomas. El predominantemente hiperactivo-impulsivo, el
desatento o el combinado, que presenta ambas esferas sintomatológicas.
En el sexo femenino, el subtipo desatento es el más frecuente, en
comparación con los varones
¿Cuáles son las manifestaciones más características
de este subtipo?
Podríamos enumerar las características que el manual DSM IV
considera para su diagnóstico:
Seis o más de los síntomas precedentes han persistido
por seis o más meses, y no corresponden al nivel del desarrollo. Se
presentan en dos o más ámbitos.
¿Cómo es que aun con estas características una niña
resulta no diagnosticada? Por lo general, en la niñez las madres
suelen abastecer de recursos a estas niñas para evitar el impacto
que generaría el trastorno; por ejemplo, les miran los cuadernos,
les organizan las mochilas, les consiguen las tareas no copiadas en
clase, casi de la misma forma que hacen con varones. Sin embargo,
las expectativas sociales que recaen sobre el sexo femenino van a
generar una serie de factores de compensación que llevarán a las
mismas a poder lidiar con sus dificultades, a través de un gran
esfuerzo personal.
Las
expectativas del rol de la mujer desde niña es que cumpla con una
serie de pautas para que pueda ser identificada como miembro legítimo
de la logia femenina. Las niñas suelen ser detallistas —mirarse
unas a otras en búsqueda de detalles nuevos—, estar muy atentas a
desarrollar desde muy temprana edad un mundo donde la comunicación
verbal prevalece. Una típica niña será apreciada por su
complacencia, su conexión con el mundo femenino, de detalles y muñecas,
de puntillas, hebillas y colores que combinen... Una niña desatenta
estará gran parte de su tiempo como desconectada de su entorno, su
mente suele dispersarla con sus propios pensamientos, su imaginación
frondosa, sus ensueños característicos la llevarán probablemente
a aterrizajes forzosos frente a la risa de sus “amigas”, quienes
dejarán de lado poco a poco a esta atípica niña.
Si bien para muchas el problema de la hiperactividad
estará presente, será de una forma mucho menos disruptiva que en
los varones. Las niñas con TDAH podrán ser charlatanas, movedizas,
disfrutarán de correr en el patio del colegio, sin tener en cuenta
que sus polleras puedan volarse en ese juego. Esto les podrá dar un
aspecto más desaliñado, donde priorizarán la ropa cómoda frente
a la de moda. Siempre tendrán mayor dificultad al relacionarse con
otras niñas porque seguramente con los varones tendrán mejor
conexión. La impulsividad en algunos casos las llevará a
interrumpir un juego tranquilo, a contestar abruptamente, otra vez
generándose el circuito negativo del rechazo de sus pares.
En el aspecto académico,
las niñas podrán esforzarse “a escondidas”, estudiando y
preparando trabajos, invirtiendo largas horas en ello. Desde el
exterior, a veces logran a través del esfuerzo desmedido, y con
patrones casi obsesivos, mostrarse sin dejar ver los síntomas que
realmente las torturan. Presentan un enorme porcentaje de trastornos
de ansiedad asociados, lo mismo que trastornos del ánimo, que yacen
fuera de la vista de quienes conviven con ellas o no generan
preocupaciones que ameriten la consulta. En lo académico, muchas
veces un buen coeficiente intelectual las ayuda a pasar
desapercibidas y hasta convertirse en las mejores alumnas, obsesivizándose
con el estudio, cargando consigo una enorme ansiedad surgida del
temor a ser descubiertas. Viven una vida donde
la vergüenza, la culpa y la baja autoestima son más
dañinas para su desarrollo que lo que el mismo trastorno en sí les
generaría, de no acompañarse de estos efectos “secundarios”. A
esto se debe que las mujeres afectadas consulten recién en su vida
adulta, por el impacto que les generan las diferentes comorbilidades
y "secuelas" de convivir sin diagnóstico ni tratamiento.
Si pensamos:
- que
los síntomas por ser predominantemente desatentas, van a pasar
mayoritariamente desapercibidos
- que
se sumarán factores de protección abastecidos por sus madres
generalmente, que las ayudan y las auxilian con las tareas
- que
a pesar de presentar hiperactividad tienen menores problemas de
comportamiento; se fuerzan más por vivir detrás de una máscara
de aptitud, dejando visible, por ejemplo, el solo ser más
“charlatanas”
- que
académicamente podrán, a través del esfuerzo y el sacrificio,
obtener resultados “adecuados”, y que a veces pueden
refugiarse obsesivamente en ese esfuerzo y lograr estar entre
las mejores alumnas cuando se le suma, como factor de protección,
un alto coeficiente intelectual
que
en la infancia y hasta la pubertad los estrógenos, hormonas en
una proporción significativamente mayor en niñas, proporcionan
una mejor transmisión en los circuitos comprometidos por el
TDAH, incrementando la transmisión dopaminérgica, en los
circuitos prefrontales y ganglios basales.
Entonces estaremos en condiciones de
entender un poco mejor cuáles son las causas de la postergación
o la ausencia de la detección precoz del problema. Será pues
muy importante tener en cuenta que, por lo general, a las niñas
afectadas debemos ir a buscarlas, mas allá de los puntajes de
las escalas de evaluación diagnósticas, que por otra parte están
diseñadas para evaluar niños, y por lo general pocos síntomas
de la esfera desatencional. El gran desafío para nosotros, los
que trabajamos en el tema del TDAH, será probablemente abrir un
nuevo capítulo dentro del área diagnóstica y terapéutica: EL
TDAH EN LA MUJER.
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