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NIÑAS CON TDAH
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Martha B. Denckla, M.D.*
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Lo distintivo con
relación a las niñas con TDAH debe ser visto teniendo como telón
de fondo los hechos con respecto a cómo difieren en general las niñas
de los niños; el grado y por lo tanto la calidad del desarrollo se
diferencian de modos bien conocidos. Las niñas hablan más temprano
y aceptan con más facilidad las demandas sociales, como controlar
sus esfínteres y sentarse quietas para comer. Las niñas tienden de
manera más natural a complacer a los demás que a explorar el
ambiente, a diferencia de los niños. Es probable que los refuerzos
positivos de los adultos a las habilidades verbales y sociales
influya sobre lo que elijan las niñas, y que luego la
experiencia/crianza produzca un desbalance mayor en los estilos
cognitivos de las niñas. En la edad preescolar, solo el 20% de las
niñitas elige la sección de los cubos cuando se presenta la ocasión
de escoger durante el juego libre. Dichas preferencias durante el
período de juego son influidas aun más por la adquisición más
precoz y fácil de las habilidades en la escritura y en la lectura
por las niñas. La mezcla de naturaleza, crianza, experiencia y
refuerzo se inicia tan temprano que los estudios de diferencia de género
deben ser interpretados con cautela.
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Existe
una base biológica/natural para las diferencias observadas en el
desarrollo. Desde la mitad de la gestación, el tradicional punto en
el que se acelera el crecimiento del feto, hasta la pubertad (que
llega en promedio antes en las niñas que en los niños), el cerebro
de las niñas está más maduro en todos los estadios de migración
celular, proliferación, conexiones, poda,1
y mielinización. El lado izquierdo, tan dominante en el lenguaje y
en las habilidades académicas, toma tal ventaja en las niñas que
puede dominar excesivamente al lado derecho, lo que lleva al fenómeno
observado: que las niñas destaquen hasta la pubertad en letras
(enfatizadas en el conjunto de habilidades de la escuela primaria),
mientras que los niños son quienes maduran tarde y emergen en la
adolescencia como los líderes en matemática/ciencia y aun en
creatividad. (¡Algunas veces los varones que rinden bien en la
escuela secundaria o en la universidad, tienen mala ortografía o no
pueden escribir legiblemente!). Un aspecto especialmente útil de
mis investigaciones sobre la coordinación, el PANESS,2
muestra que la curva en función del tiempo de las habilidades
motoras para las niñas del kindergarten corresponde exactamente a
la de los niños de primer grado, ¡y este patrón persiste hasta el
quinto grado! Debido a que tenemos la ‘sabiduría popular’ de
generaciones que han observado tal diferencia en el desarrollo,
sonreímos y sacudimos la cabeza diciendo “así son los
hombrecitos”, pero no existe expresión análoga para una niñita
traviesa y desordenada.
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Considérese,
entonces, la situación en la que se encuentra la niñita con
TDAH, quien tiene algo ampliamente reconocido y publicitado como
característico de los niñitos. Los esquemas diagnósticos
tradicionales engloban cuatro veces más niños que niñas bajo
la etiqueta de TDAH, pero recientemente se ha sugerido que las
cifras de prevalencia estimadas en 3 a 5% de la población en
edad escolar están subestimadas, debido al subdiagnóstico de
muchas niñas con TDAH. Con la legitimización del subtipo de
TDAH “a predominio de déficit de atención” del DSM IV,
algunos estudios corrigen el desbalance diagnóstico a tres niños
por cada niña con TDA(H).
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Sin embargo, aun persiste la situación de que las niñas
con TDA(H) (La H se pone entre paréntesis para indicar el
subtipo a predominio de falta de atención) continúan estando
subrepresentadas aun como candidatas al diagnóstico, puesto que
las niñas son menos perturbadoras, tienen menos probabilidades
de ser negativistas, son menos evidentes u obviamente
desenfocadas que los niños. Las niñas con TDA(H) o sin este
trastorno, de acuerdo a su tendencia de complacer a los demás,
pueden parecer estar atentas al profesor o ir dócilmente al
dormitorio a “hacer” sus tareas, cuando en realidad están
soñando despiertas, garabateando, escribiendo notas a compañeras
de clase o enviando mensajes instantáneos desde la computadora
de la casa ¡que es supuestamente para hacer las tareas! Las niñas
con TDAH pueden
parecer pasivo agresivas (y pueden finalmente llegar a serlo) al
decir “sí” cuando se les pide que hagan cualquier labor, y
luego olvidarse de hacerla. Aunque se parezcan a los niños en
su intranquilidad física relacionada al TDAH o en la
bulliciosidad, las niñas con este trastorno raras veces llegan
al extremo de la rudeza. Muchos clínicos, sin embargo, son
partidarios de introducir en los esquemas diagnósticos del TDAH
la esfera física de la hiperactividad e impulsividad vocal o
bucal; ¡las niñas con TDAH hablan más, son más cortantes al
hablar, mandan más y aun comen más que otras niñas de su
edad! Muchos clínicos ven un subgrupo dentro de la generación
propensa a la obesidad, que es el de las niñas con TDAH. Así,
un riesgo genuino de salud está asociado a las niñas con TDAH,
del mismo modo que la propensión a los accidentes se asocia a
los niños con este trastorno.
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Las
niñas con TDAH pueden ser más problemáticas en casa que en el
colegio, y pueden tener más problemas sociales con sus pares, que
académicos (por lo menos en la escuela primaria). Pueden
controlarse en el ambiente estructurado escolar, pero en casa “se
sueltan el pelo”3
e irritan, o agitan, a sus familias. El desorden, el descuido al
comer y aun el desaseo personal pueden ser más alarmantes para los
padres que similares características en un niño. Las
interpretaciones psicológicas (a menudo solo parcialmente
relevantes) pueden adquirir mayor prominencia de la debida en una niña
con TDAH desaliñada, desarreglada, despeinada. Añádase obesidad y
toda la cadena de eventos sociales de rechazo puede complicar el
desarrollo de la niña. En la escuela intermedia, el rechazo social
puede aparecer tan grande que los problemas emocionales pueden
eclipsar el TDAH subyacente; además de los déficits en la
organización que el TDAH (aun del tipo más leve) usualmente
conlleva, la infeliz niña no recibe las recompensas sociales
energizantes y reforzantes de la vida escolar. El clínico a quien
se le pide que investigue un TDAH (de cualquier subtipo) en una niña
de 11 a 14 años, está efectuando una especie de ‘arqueología’
neuropsiquiátrica, al intentar —mediante una historia cuidadosa y
el examen neurológico/neuropsicológico— juntar las piezas del
diagnóstico del neurodesarrollo que se encuentran por debajo del
colapso emocional. Si la niña hubiera sido referida antes, el diagnóstico
del TDAH (sin mencionar los problemas de aprendizaje experimentado
por la tercera parte de quienes tienen TDAH), habría sido más
evidente, menos escondido por las complicaciones psiquiátricas y
los efectos de los medicamentos psicotrópicos.
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¿Qué
se puede decir con respecto al tratamiento de las niñas con TDAH?
Igual que en el caso de los niños, el TDAH requiere un programa de
tratamiento multimodal a la medida (entrenamiento en el manejo en el
hogar, un programa escolar adecuado que facilite los logros,
psicoterapia individual o tutoría, o ambos, y uso adjunto de
medicación estimulante). ¡Nótese la “posición final” de la
medicación que no es
“ni maldición ni cura” y que debe ser adaptada para cada
paciente a cada edad y de acuerdo a las exigencias en cada nivel,
graduada muy individualmente, dirigida a mejoría en las metas a
corto plazo y redirigida frecuentemente! En este contexto, hablar de
las necesidades especiales de las niñas implica que cada conjunto
de ellas se describa en términos de signos y síntomas blanco específicos,
teniendo presente que durante el desarrollo todos los blancos son
“blancos en movimiento”. Los programas terapéuticos en casa, en
el colegio e individuales, para las niñas con TDAH, son aun más
importantes que la medicación adjunta apropiada, puesto que las
complicaciones socioemocionales se apoderan tan insidiosamente de
las niñas, antes de que la medicación pueda aun parecer digna de
consideración.
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En
resumen, las niñas con TDAH presentan formas menos obvias, de
reconocimiento más tardío, más “internas” del trastorno que
Russell Barkley nos ha educado tan sucintamente a comprender como
revelador de la naturaleza de todas las clases de ‘autocontrol’.
El precio que pagan las niñas con TDAH por su curso menos obvio y
reconocido tardíamente es que las complicaciones emocionales tienen
más tiempo para ganar terreno, como depresión o ansiedad comórbida
o “personalidad pasivo agresiva”, antes de que una programación
terapéutica multimodal pueda ser implementada para el síndrome
mismo del TDAH. Por esto hay una necesidad urgente de mirar a las niñitas
con más sensibilidad con respecto a manifestaciones del TDAH, aun
del tipo no perturbador, predominantemente desatento, no vaya a ser
que el rechazo social y el bajo rendimiento académico se combinen
para dar origen a una niña adolescente con problemas más serios
que va a ser, a propósito, altamente vulnerable al abuso de
sustancias.
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* Martha
Bridge Denckla, M.D., Batza Family Endowed Chair; Director,
Developmental Cognitive Neurology, Kennedy Krieger Institute;
Professor, Neurology, Pediatrics, Psychiatry, Johns Hopkins
University School of Medicine.
El
Dr. Armando Filomeno —quien fue fellow
en el Hospital Johns Hopkins cuando el nombre del KKI
era John
F. Kennedy Institute for Habilitation of the Mentally and Physically
Handicapped Child—
agradece a la Dra. Denckla
por este interesante artículo, que se encargó de traducir al
castellano. El texto en inglés puede ser leído en: www.deficitdeatencionperu.org/denckla.htm
1 Eliminación
de las sinapsis inefectivas (nota del traductor).
2 Physical
and Neurological Examination for Soft
Signs (Examen físico y neurológico para signos blandos) (nota del
traductor).
3 Se
desinhiben (nota del traductor).
Artículo aparecido en el boletín electrónico n.º
9 del APDA, del 15 de septiembre del 2005.
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