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RAZONES POR LAS CUALES LA TERAPIA CONDUCTUAL ES RECOMENDADA COMO
PARTE DEL TRATAMIENTO PARA LOS NIÑOS CON TDAH
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Lic. Iliana Chian*
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El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad
(TDAH) es uno de los más comunes de la infancia ya que afecta
aproximadamente del 3 al 7 % de la población infantil (Barkley
2006).
El TDAH es un trastorno complejo que involucra dificultades
en las siguientes funciones ejecutivas: organizarse, priorizar y
activarse para trabajar; enfocar y mantener la atención o dirigirla
a otras tareas cuando es necesario; regular el estado de alerta;
mantener el esfuerzo y velocidad de procesamiento; manejar la
frustración y modular las emociones; utilizar la memoria de trabajo
y acceder a la memoria; y en el monitoreo y auto-regulación de la
acción (Brown 2005).
Según Barkley (2006) las personas con TDAH tienen
dificultades en la inhibición de la conducta (auto-regulación) y
dificultades en las siguientes funciones ejecutivas: la memoria de
trabajo no verbal, la internalización del lenguaje (memoria de
trabajo verbal), la auto-regulación del afecto/motivación/activación
y la reconstitución (planeación y generación).
Estas funciones ejecutivas son formas de conducta autodirigidas,
encubiertas, que generan información representada internamente y
que producen efectos observables en la respuesta conductual y en el
control motor.
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De acuerdo a la teoría
propuesta por Barkley (2006), el TDAH no es el resultado de la falta
de habilidad, conocimiento, o información, sino de la parcial
disociación entre el conocimiento y el desempeño. Las personas con
TDAH pueden saber cómo actuar, pero no lo hacen en el
funcionamiento social adaptativo de cada día. Es decir que lo que
saben hacer no es probable que lo realicen justo cuando hacerlo
importa mucho. Por lo tanto, el TDAH es un trastorno del desempeño
y no de la habilidad, es un trastorno del “cuándo” y “dónde”
de la conducta. Las personas con TDAH no empiezan a hacer
preparativos hasta que el evento está muy cerca en el tiempo, es
inminente o ya llegó. Tienen muchas dificultades para realizar
conductas de planeación y de anticipación en función a los
eventos que van a suceder en el futuro distante. Este patrón
ocasiona caos y crisis en la vida de las personas con TDAH porque
tratan de prepararse para los eventos futuros solo en el último
minuto, y si es que lo hacen. Las personas con TDAH tienen
dificultades para comprender el tiempo y para organizar su conducta
en el transcurso del tiempo. Por otro lado, esta conducta no es
voluntaria sino que es producto de las deficiencias en las funciones
ejecutivas.
Muchas investigaciones han comprobado que el TDAH puede
causar dificultades en muchos niveles del desarrollo (cognitivo, del
lenguaje, motor, emocional, del aprendizaje, etc.), en el
funcionamiento adaptativo y en el desempeño escolar de los niños
(Barkley 2006).
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El funcionamiento adaptativo se refiere al desempeño
en las actividades diarias necesarias para lograr una
independencia personal y social; representa el desempeño real
del niño en las demandas típicas de la vida diaria en el hogar
y en ambientes sociales. Estas demandas
incluyen habilidades de autoayuda (por ejemplo, vestirse,
bañarse, alimentarse, etc.); de independencia (por ejemplo,
desempeñarse bien en el hogar, en el patio de juegos o en la
comunidad, sin supervisión, respetar la propiedad, etc.); de
auto-conocimiento (por ejemplo, saber su edad, su dirección, su
número telefónico y otros aspectos de su identidad personal);
motoras (por ejemplo, caminar, correr, saltar,
abotonarse, recortar, utilizar el lápiz y los cubiertos,
etc.); de conocimiento social (por ejemplo, reconocer y utilizar
el tiempo y el dinero); y de lenguaje y comunicación con otros
(por ejemplo, identificar objetos, seguir instrucciones,
comunicarse utilizando oraciones completas, contar hasta 100,
etc.). Varias investigaciones han encontrado que los niños con
TDAH tienen una gran dificultad en su funcionamiento adaptativo
(Barkley 2006).
Por ejemplo, ayudar a un niño con TDAH a que se aliste para
ir al colegio en la mañana con frecuencia es estresante para
muchos padres. Los padres deben levantarlo temprano,
supervisarlo continuamente para que se vista, desayune, se lave,
etc., porque si no el niño no lo hace en el momento en el que
se espera que lo haga. Igualmente estresante para los padres es
cuando el niño regresa del colegio porque deben supervisarlo
constantemente para que almuerce, se cambie, haga las tareas,
etc. y luego, en la noche, para que aliste su mochila, se bañe,
se acueste y se duerma, todo lo cual se realiza a costa de mucho
conflicto con el niño, y requiere de una gran cantidad de
esfuerzo, energía y tiempo por parte de los padres (Voeller
2004).
Otra área de gran dificultad para los niños con TDAH es el
desempeño académico (el trabajo productivo en la clase) y el
rendimiento (el nivel de dificultad del material que los niños
han llegado a dominar). Los niños con TDAH son más vulnerables
a tener un bajo rendimiento escolar, a repetir de año, a
necesitar tutoría académica, etc. (Barkley 2006). Puede
incluso haber un grupo de niños con TDAH que rinde bien en el
colegio, gracias a la gran cantidad de tiempo y energía que los
padres dedican a ayudar al niño para hacer sus tareas y
estudiar (Findling, Manos, Salgo & Wilens 2006).
Por otro lado, los niños con TDAH también es más
probable que tengan problemas de conducta y uno de los
trastornos comórbidos más comunes es el Trastorno
Oposicionista-Desafiante. También tienen mayor probabilidad de
tener dificultades de aprendizaje, sociales y emocionales (Brown
2005).
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Los principales tratamientos
que se ha demostrado científicamente que son efectivos en los niños
con TDAH son los siguientes: farmacológico, entrenamiento de los
padres en métodos de manejo de la conducta del niño, implementación
por parte de los profesores de estrategias de manejo de la conducta
del niño y combinaciones de estos tratamientos (programas de
terapia multimodal). El tratamiento multimodal es el preferido para
tratar la mayoría de los casos de TDAH, debido a lo complejo que
es, especialmente cuando coexisten otros trastornos como los
problemas de aprendizaje, de conducta, de ansiedad o depresión (Smith, Barkley y Shapiro 2006).
La terapia conductual adecuada implica un intensivo y
prolongado entrenamiento de los padres con el objetivo de tener un
manejo más adecuado del niño con TDAH y ayudarlo a desarrollar una
mayor eficiencia en la auto-regulación de su conducta. Los padres
deben aprender a anticipar los problemas y desarrollar una apropiada
forma de manejarlos. También es muy importante involucrar a los
profesores del colegio en el tratamiento de los niños con TDAH. Los
profesores también tienen que aplicar técnicas de modificación de
conducta y realizar acomodaciones en la clase para ayudar al niño a
mejorar su desempeño académico o su conducta (Voeller 2004).
Las estrategias del tratamiento conductual consisten en entrenar a
los padres en tácticas de manejo de la conducta del niño, tales
como la aplicación contingente del reforzamiento o del castigo como
consecuencia de las conductas adecuadas o inadecuadas,
respectivamente. Los refuerzos generalmente consisten en elogios,
privilegios o fichas. Los castigos generalmente consisten en la pérdida
de la atención positiva, de privilegios, de fichas o del refuerzo (Smith et
al. 2006). Las consecuencias deben ser proporcionadas en forma
consistente, inmediata, frecuente, externalizada y destacada
(Barkley 2006).
El concepto del TDAH como un
problema en la auto-regulación de la conducta a través de
formas internas de representar la información (memoria de
trabajo) —lo cual causa problemas en la auto-motivación para
persistir en las tareas asignadas—, proporciona una base
racional para emplear intervenciones conductuales con los niños
con TDAH. Estos niños tendrían déficits en la auto-regulación
y el funcionamiento ejecutivo y específicamente en la conducta
gobernada por normas, o en el control de la conducta mediante órdenes.
Tienen limitaciones en la información representada internamente
y en la motivación que instruye, guía y mantiene la conducta;
por lo tanto, requieren que la información sea representada más
externamente y que las consecuencias sean arregladas
artificialmente para compensar estas deficiencias ejecutivas.
Por ello, los padres de los niños con TDAH van a necesitar
utilizar formas más explícitas, sistemáticas, externalizadas
y convincentes de presentar las reglas y las instrucciones y de
advertir sobre las consecuencias que se van a producir si se
cumple o no con las normas (Smith et al. 2006).
Se debe ayudar a los niños con TDAH a externalizar aquellas
formas de información que regulan la conducta; se deben
proporcionar representaciones físicas de esa información en el
ambiente y en el momento del desempeño de la conducta. Debido a
que la información privada y encubierta es débil como una
fuente de control del estímulo, debe hacerse que la
información sea evidente y pública para ayudar a fortalecer el
control de la conducta. Además, también se les debe ayudar
haciendo que el tiempo —en sí mismo— esté más
externamente representado, haciendo más cercano en el tiempo el
evento, la respuesta y las consecuencias, tratando de
relacionarlos con los eventos futuros con el apoyo de los padres
y profesores. Además, también se tendrán que proporcionar
fuentes externas de motivación; por ejemplo, proporcionar
premios artificiales, como fichas, puede ser necesario a lo
largo del desempeño de una tarea o de una conducta que se
quiere lograr. Estos programas de premios permiten a los niños
desempeñarse más efectivamente en algunas tareas y ambientes,
porque de lo contrario les sería muy difícil hacerlo. Estos
procedimientos de la manipulación artificial de los eventos
antecedentes y consecuentes son proporcionados por las terapias
conductuales; además, estas estrategias deben utilizarse en las
diversas situaciones y ambientes durante por un período largo
de tiempo. Si uno usa las técnicas conductuales solo en un
ambiente, es muy probable que no se generalicen a otros
ambientes, y si uno deja de implementar estas estrategias es muy
probable que se regrese al inicio. Los cambios en la conducta se
mantienen solo mientras los cambios o acomodaciones también se
mantienen (Smith et al. 2006).
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Los tratamientos para el TDAH pueden ser más útiles cuando
ayudan a la ejecución de una determinada conducta en el momento del
desempeño en los ambientes naturales donde y cuando esa conducta
debería ser realizada. Por lo tanto, mientras más alejado esté un
tratamiento —en espacio y tiempo— del momento del desempeño,
será menos efectivo en ayudar al manejo del TDAH. Además, cuando
se deja de aplicar el tratamiento, sus efectos no se mantienen en el
tiempo. Es por eso que el principal problema del TDAH es cómo hacer
que los niños se comporten en formas que ellos saben que son buenas
para ellos, pero que, sin embargo, con frecuencia no las hacen. Por
ello, proporcionarles más conocimiento no resulta tan útil como
alterar las consecuencias asociadas con el desempeño de esa
conducta en el lugar y el momento apropiados. Las terapias
conductuales son implementadas para mejorar la motivación de los niños
con TDAH y para que así muestren lo que ya saben (Smith et al.
2006).
Los tratamientos más útiles son aquellos que se dan
en los ambientes naturales en el momento del desempeño y donde
ocurre la conducta deseada. Mientras más lejos en el espacio y en
el tiempo esté el tratamiento del momento del desempeño, menos
efectivo será. Es por eso que los tratamientos como la psicoterapia
tradicional, la terapia de juego, la consejería al niño, la
terapia cognitiva, la terapia cognitivo-conductual, etc. no producen
mejoras clínicamente significativas en los niños con TDAH (Barkley
2006).
Por ejemplo, la terapia cognitivo-conductual implica enseñar
a los niños estrategias de auto-instrucción y de resolución
de problemas, además de auto-monitoreo y auto-refuerzo. Se enseña
al niño una serie de instrucciones auto-dirigidas que deben
seguir cuando realizan una tarea. Estas instrucciones incluyen
definir y comprender la tarea o el problema, planificar una
estrategia general para aproximarse al problema, enfocar la
atención en la tarea, seleccionar una respuesta o solución, y
evaluar el desempeño. En el caso de un desempeño exitoso, se
proporciona el auto-refuerzo (usualmente en la forma de una
auto-afirmación positiva, tal como “Yo realmente hice un buen
trabajo”). En el caso de un desempeño no exitoso, se realiza
una afirmación de afronte (por ejemplo: “la próxima vez lo
voy a hacer mejor si lo hago más despacio”), y se corrigen
los errores. Al principio, un entrenador adulto modela las
auto-instrucciones mientras que realiza la tarea. Luego, el niño
desempeña la tarea mientras dice en voz alta la auto-instrucción.
Después, estas verbalizaciones abiertas se convierten en
auto-instrucciones encubiertas. Se proporciona el refuerzo al niño
(por ejemplo, elogio, fichas, juguetes) tanto por seguir el
procedimiento como por seleccionar las soluciones correctas. Sin
embargo, la eficacia de la terapia cognitivo-conductual en niños
impulsivos o con TDAH ha sido cuestionada por los débiles y
limitados resultados de las investigaciones empíricas. Además,
cuando esta terapia ha sido efectiva esto ha sido más el
resultado del refuerzo que de las auto-instrucciones (Barkley
2006).
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En cambio, los tratamientos
aplicados por los padres y profesores en ambientes naturales, en los
lugares y momentos en los que la conducta es realizada, se ha
comprobado que son los más efectivos. Muchas investigaciones han
encontrado que los tratamientos más eficaces para el TDAH son los
que implementan programas de modificación de conducta, ajustes al
currículum, acomodaciones ambientales y otras intervenciones que
reestructuran el ambiente natural y sus contingencias para lograr un
cambio en la conducta deseada y mantenerla a lo largo del tiempo. El
objetivo de estos tratamientos conductuales es ayudar a que los niños
con TDAH muestren lo que saben en el lugar y el momento en que deben
hacerlo (Barkley 2006). Por lo tanto, la terapia conductual (que
implica el entrenamiento de los padres y profesores en el manejo de
contingencias en la casa y en la clase) es la más adecuada para los
niños con TDAH (Kazdin 2005).
Por otro lado, como Barkley (2006) refiere, estos tratamientos son
solo sintomáticos, es decir, que el tratamiento que altera el
ambiente natural para incrementar la conducta deseada en el momento
del desempeño va a producir cambios en la conducta, los cuales se
mantendrán a lo largo del tiempo solo en la medida en que el
tratamiento es mantenido en dicho ambiente a lo largo del tiempo.
Los tratamientos conductuales y las acomodaciones ambientales
aplicados en el momento del desempeño, no van a modificar los déficits
genéticos y neuropsicológicos que subyacen en la inhibición de la
conducta y en las funciones ejecutivas de las personas con TDAH.
Solo pueden proporcionar un alivio inmediato de estos déficits al
reducir o reestructurar los factores ambientales que hacen más difícil
el desempeño de las personas con TDAH. Si se elimina el tratamiento
conductual y la estructura ambiental creada para mantener la
conducta deseada, entonces los efectos del tratamiento también
desaparecerán. Además, tampoco se puede esperar que los efectos
del tratamiento se generalicen a otros ambientes donde no se aplica
dicho tratamiento. Por lo tanto, esto significa que el tratamiento
proporciona una mejoría temporal en los síntomas del trastorno y
solo en los ambientes en los cuales se aplica.
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Sin embargo, el principal
objetivo del tratamiento de los síntomas del TDAH es reducir
las consecuencias negativas secundarias que pueden causarle al
niño dichos síntomas y las dificultades que los acompañan.
Estas consecuencias secundarias pueden ser un bajo rendimiento
escolar, la repitencia de año, ser suspendido del colegio por
problemas de conducta, relaciones familiares conflictivas,
dificultades en sus relaciones sociales, etc. El tratamiento de
los niños con TDAH implica encontrar medios para afrontar,
compensar y acomodarse a sus dificultades, de tal manera que se
disminuyan las numerosas consecuencias secundarias que pueden
acumularse si no se maneja adecuadamente el TDAH. Finalmente, lo
que se busca con el tratamiento es aliviar (aunque sea
temporalmente) el sufrimiento que producen las dificultades
ocasionadas por los síntomas del TDAH y así mejorar la calidad
de vida del niño con este trastorno (Barkley 2006; Smith et al.
2006).
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Referencias:
Barkley,
R. A. (2006). Attention-deficit
hyperactivity disorder: A handbook for diagnosis and treatment (3rd ed.). New York: Guilford Press.
Brown, T. E.
(2005). Attention deficit disorder: The unfocused mind in children
and adults. USA: Yale University Press.
Findling, R.,
Manos, M., Salgo, P. & Wilens, T (2006). Medical crossfire:
Identification and discussion of key issues and advances in
pediatric ADHD. Available at: www.medscape.com/viewarticle/521178
Kazdin, A.
(2005). Parent Management Training: Treatment for oppositional,
aggressive, and antisocial behavior in children and adolescents. New
York: Oxford University Press.
Smith, B.,
Barkley, R. & Shapiro, C (2006). Attention-deficit/hyperactivity
disorder. En E. J. Mash & R. A. Barkley (Eds.), Treatment of
childhood disorders (3rd ed., pp. 65-136). New York: Guilford Press.
Voeller, K.
(2004). Attention-deficit hyperactivity disorder (ADHD). J Child
Neurol, 19 (10), 798-814. Available at: www.medscape.com/viewarticle/49560
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