|
Las conductas deseadas en los niños con el TDAH deben
reforzarse frecuente y abundantemente. Los efectos de estos
reforzadores pueden fortalecerse mediante el uso de sistema de
fichas o puntos que se asignan al llevar a cabo las conductas
deseadas. Al terminar el día, la semana, o ambas, el niño puede
intercambiar los puntos ganados por privilegios u otros reforzadores
escogidos por él (por ej. ir al cine). El sistema de puntos puede
adaptarse con muy buenos resultados si el maestro anota los puntos
ganados por el estudiante durante el día escolar en una tarjeta de
informe diario. El niño puede entonces utilizar estos puntos para
tener acceso a uno o más de los reforzadores acordados en el hogar
(por ej. invitar a un amigo a casa, ir a una fiesta, alquilar un
juego electrónico), de acuerdo al número de puntos ganados. Los
refuerzos también pueden administrarse de acuerdo a un contrato. En
este, padre y niño acuerdan las conductas a cambiar y los
privilegios a recibir como consecuencia de los cambios conductuales
logrados.
Es necesario reflexionar acerca de los
reforzadores que se considera escoger para modificar la conducta del
niño. Por ejemplo, no se deben utilizar como reforzadores regalos
de cumpleaños o de otras ocasiones especiales. Tampoco se deben
utilizar actividades que tienen el potencial de reforzar su
autoestima, como sería practicar un deporte. En el caso de no
lograr llevar a cabo la conducta deseada el niño no tendría la
oportunidad de participar en una actividad deportiva que le ayuda a
sentirse competente en esta área a pesar de sus dificultades en
otras. Es necesario recordar que la meta más importante de
cualquier tratamiento es acrecentar las fortalezas, desarrollar las
habilidades y fortalecer el sentido de competencia personal del niño.
Uso de
consecuencias neutrales y negativas. Como es de esperarse, las
conductas que dejan de tener consecuencias positivas tienden a dejar
de ocurrir o “extinguirse”. Tomemos como ejemplo la rabieta del
niño que tiene como consecuencia conseguir la atención de los
padres o algo que él desea. Si los padres ignoran la rabieta cada
vez que ocurre y no le dan lo que el niño quiere, a la larga la rabieta deja de
ocurrir. Igualmente, cuando el comportamiento del niño tiene
consecuencias negativas (castigo), este comportamiento tiende a no
repetirse. El castigo puede ser una estrategia de manejo acertada si
se utiliza para complementar la estrategia de reforzar las conductas
deseadas. Bajo ningún concepto se debe usar el castigo como única
estrategia y mucho menos en forma frecuente. Tampoco es conveniente
ni recomendable el uso de castigo corporal por las consecuencias
psicológicas negativas que este procedimiento acarrea.
Los mejores castigos son los de pérdida
de privilegios (por ej. restringir el tiempo de ver televisión) y
de tiempo fuera. Este último consiste en requerir que el niño
permanezca en un lugar de la casa donde no reciba atención o
entretenimiento alguno. El castigo debe darse siempre y tan pronto
ocurra la conducta indeseada y ser de corta duración. Usualmente se
recomienda usar de uno a dos minutos de tiempo fuera por cada año
del niño, dependiendo
de la severidad de la conducta. El castigo de larga duración no es
una estrategia efectiva y fomenta malestar y rebeldía. Es
necesario, además, no aplicar castigo para aquellas conductas que
estén fuera del control del niño, tales como obtener
calificaciones bajas, si él tiene dificultades significativas para
prestar atención o leer al nivel esperado para el grado.
Las estrategias de consecuencias positivas y negativas
discutidas son importantes en el tratamiento del TDAH ya que las
personas con esta condición tienen una capacidad disminuida para
autorregular el comportamiento y dirigir la conducta hacia el futuro
(Barkley, Murphy, & Bauermeister, 1998). Esta capacidad
disminuida está asociada a un patrón de disfunción ejecutiva. Los
niños con el TDAH necesitan
más de un manejo externo de su conducta al no poder responder tan
bien como otros al manejo propio. Además tienden a presentar
dificultad para organizarse y motivarse, así como para planificar,
guiar, evaluar y revisar el comportamiento necesario para cumplir
con las reglas y alcanzar metas (Bauermeister, 2002).
Consideraciones
importantes
A pesar de su aparente
simplicidad, la terapia conductual
del niño con el TDAH es una tarea continua que requiere
planificación, creatividad, esfuerzo y persistencia a través del
tiempo. Es necesario no darse por vencido ni perder las esperanzas
porque alguna estrategia en particular no produzca los resultados
deseados. Si este fuera el caso, es necesario revisar la estrategia
o utilizar otra.
Cuando los padres o maestros usan
estrategias de modificación de conducta, realmente lo que hacen es
cambiar la forma en que interactúan con el niño. Es decir, estos
adultos logran manejar mejor o modificar la conducta del niño
cambiando precisamente la forma en que ellos responden al
comportamiento del hijo o estudiante. No todos los padres logran
estos cambios en su propia conducta, ya sea por tener otras
responsabilidades, estar atravesando por momentos difíciles en sus
vidas o sencillamente por tener dificultad para autorregular su
comportamiento como parte de su propio TDAH. En estos casos, la
farmacoterapia, ya sea para el niño o para el adulto con el TDAH,
puede ser de mucho valor para obtener los logros deseados.
Para que la terapia conductual del
TDAH sea efectiva, es necesario poner en práctica la misma no en
las clínicas u oficinas de profesionales, sino en el ambiente donde
el niño lleva a cabo su vida diaria, por ejemplo, en el hogar y en
la escuela. Es por esta razón que el tratamiento conductual debe
ser aplicado en estos escenarios por los padres o profesores. Para
ello se han desarrollado programas formales de entrenamiento de
manera que a la larga sean ellos los modificadores de la conducta
del niño. Estos programas consisten de 6 a 12 sesiones en las
cuales los padres se educan en relación al TDAH, practican los
principios aquí resumidos, y aprenden a asumir un rol importante en
el tratamiento del niño. La eficacia de este tipo de programa ha
sido demostrada en 28 estudios científicos que trataron 1161 niños
con TDAH (Chronis, Chacko Fabiano, Wymbs, & Pelham, 2004). Se
informan cambios favorables en las conductas del niño, en la
interacción madre-niño, en el nivel de estrés familiar y
en el sentido de competencia de los padres. Los resultados
pueden se aun mejores si el niño recibe medicamentos
psicoestimulantes como parte del programa de tratamiento (Conners y
col., 2001; Swanson y colaboradores, 2001).
Finalmente, al igual que con la
farmacoterapia, los logros obtenidos durante el tratamiento
conductual no necesariamente se mantienen. El tratamiento debe
continuarse por periodos prolongados para así mantener los logros
obtenidos, fortalecer la autoestima y desarrollar plenamente las
habilidades del niño.
Recientemente
un grupo de trabajo nombrado bajo el Programa Presidencial de Salud
Mental Infantil de la Asociación Psiquiátrica Mundial, desarrolló
un programa de entrenamiento para padres de niños con el TDAH,
problemas de conducta o ambos. El programa puede ser adaptado de
acuerdo a los recursos en el área de salud mental de cada país e
implantado por profesionales o educadores de diferentes niveles de
entrenamiento clínico. El proceso de desarrollo del programa ha
sido descrito por Bauermeister y colaboradores (2006) y está
accesible en www.scielo.br/rbp.
El manual (“Helping Challenging Children” o Ayudando a niños
que representan un reto) fue desarrollado por So, Bauermeister &
Hung (2005); puede ser obtenido libre de costo escribiendo al autor
a jjbauer@prtc.net. Se están
haciendo gestiones para que el Manual sea traducido al español y a
otros idiomas en el futuro cercano y pueda estar accesible a las
instituciones y personas
interesadas.
Referencias:
Barkley, R.A. (2006). Attention-Deficit Hyperactivity Disorder (Third
edition).Guilford Press: New York.
Barkley, R.A., Murphy, C.R.,& Bauermeister, J.J. (1998). Trastorno por deficit de atención e hiperactividad. Un
manual de trabajo clínico. Guilford
Press: New York.
Bauermeister, J.J. (2002). Hiperactivo,
Impulsivo, Distraído, ¿Me conoces?. Guía acerca del déficit
atencional para padres, maestros y profesionales. Guilford:
New York.
Bauermeister, J.J. , So, C.Y.C., Jensen, P.S., Krispin,
O., & Seif El-Din, A. (2006). Development of adaptable and
flexible treatment manuals for externalizing and internalizing
disorders in children and adolescents. Revista Brasileira de Psiquiatria, 28:67-71.
Conners, C.K., Epstein, J.N., March, S.S., Angold, A.,
Wells, K.C., Klaric, J. et al (2001). Multimodal treatment of ADHD
in the MTA; An alternative outcome analysis. Journal of the American
Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 40:159-167.
Swanson, J.M., Kraemer, H.C., Hinshaw, S.P., Arnold, L.E., Conners,
C.K., Abikoff, H.B. et al. (2001). Clinical relevance of the primary
findings of the MTA: Success rates based on severity of ADHD and ODD
symptoms at the end of treatment. Journal
of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 40:168-179.
*El Dr. José J. Bauermeister es
catedrático jubilado del Departamento de Psicología e investigador
en el Instituto de Investigación de Ciencias de la Conducta.
Universidad de Puerto Rico. El autor agradece a la Dra. Graciela
Reina por su valiosos comentarios y recomendaciones. Nota de la
editora: El Dr. Bauermeister es miembro de la junta directiva del
CHADD (Children and Adults with Attention-Deficit/Hyperactivity
Disorder), donde desempeña una importante labor en las relaciones
internacionales.
1 Usaré el término niños para referirme a niños y adolescentes de
ambos géneros para facilitar la lectura y sin interés alguno en
usar lenguaje sexista.
Artículo aparecido en el boletín electrónico nº 12 del APDA
del 28 de junio del 2006.
|