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EL PSICÓLOGO COMO ORIENTADOR EN LA CRIANZA DE NIÑOS PEQUEÑOS
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Lic. Virginia Bákula*
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Cuando los padres se enfrentan a la difícil tarea de criar, es común
escuchar lo siguiente: “nadie
te enseña a ser padres", lo que no deja de ser algo cierto,
pero no lo es menos el que esa frase signifique "no se qué
hacer". No se trata de descartar
los consejos de otras personas, como el de las abuelas, ni dejar de
tomar en cuenta sus experiencias, pero también es importante
reconocer que los tiempos han cambiado y que las condiciones
actuales para criar a
los hijos son bastante diferentes
a como eran hace unos años. El problema surge cuando hay que
“acomodar” los consejos bien intencionados a la práctica
en la vida
diaria, más aun por el hecho de que muchas mamás trabajan fuera de
casa, lo que aporta una variable más en esta tarea.
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Por eso es que los psicólogos cumplen un rol importante en
la orientación a los padres respecto
a pautas de crianza, no solamente porque pueden enseñarles de qué
manera afrontar los
retos que significa educar, sino porque pueden hacer que ellos
entiendan y acepten que sus hijos no solo no son perfectos, sino que
ellos (los padres) no tienen que sentirse evaluados permanentemente
en su rol como tales, en relación a las conductas de sus hijos o a
las consecuencias de las mismas.
En los padres hay un deseo genuino de no hacer daño, de no generar
‘traumas’ a los hijos y es en este afán que las mamás acuden a
la consulta confundidas, culposas y con una sensación de impotencia
al no poder manejar ciertas conductas de sus hijos, sobre todo las
de los más pequeños, pues estar con ellos puede llegar a producir
no solamente mucha tensión, sino que comienzan a aparecer las
discusiones dentro de la pareja, relacionadas a cómo es que cada
uno enfrenta la
conducta (adecuada o inadecuada) de sus hijos.
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¿Cuáles
son las preocupaciones más frecuentes?
Las relacionadas con la comida, la hora de acostarse, la forma de
lograr que el niño obedezca, que se
relacione bien con sus hermanos, que
sea ordenado, etc., sin contar con las preocupaciones
relacionadas con el tema
de “si lo estoy haciendo bien”. Muchos de los problemas de
crianza se han ido enquistando en la vida familiar (haciéndose
parte de ella), y la respuesta
a la pregunta de por qué se dan, es muy simple: PORQUE
LO PERMITIMOS, PORQUE DEJAMOS QUE LAS COSAS SE DIERAN DE ESA
MANERA, porque desde que nace el niño APRENDE, estableciéndose
una especie de dinámica o interacción entre el niño y el
medio en el que crece, ya que aprende a través de lo que se le
va, o no, enseñando. Entonces se puede decir que un niño
aprende conductas en el contacto diario y bajo la dirección o
enseñanza de las personas que lo rodean, por lo tanto necesita
que esas personas provean un modelo, estableciendo límites,
haciendo cumplir normas, enseñando valores, etc.
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Los niños nunca son ‘demasiado pequeños’ para empezar
a ser educados y no se les va a demostrar más amor porque se
les consienta más; no van a ser personas más seguras porque se
les permita hacer lo que quieran y no van a aprender a tomar
decisiones respecto a ciertas situaciones cuando aún no son
capaces de asumir las consecuencias de las mismas; su autoestima
tampoco se va a desarrollar convenientemente si no aprenden a
tolerar la frustración y a postergar la satisfacción inmediata
de sus deseos. No estamos proponiendo modelos autoritarios o
inflexibles, sino modelos basados en el respeto a las normas
establecidas, al orden, a tomar en cuenta el derecho de los
otros, a saber perder, a saber esperar, que permitan desarrollar
en el niño herramientas para crecer mejor y lograr
un mayor bienestar
interior, es decir lo
que los padres desean por encima de todo: ”que mi hijo sea
feliz”. Pero, ¿qué es un niño feliz? ¿El que tiene todo?
¿Al que no se le niega nada? ¿El que hace sólo lo que
quiere?... Eso, precisamente, no da esa felicidad que aspiramos
que ellos alcancen.
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El
punto está en cómo hacerlo
Una manera es buscando información y asesoramiento leyendo
libros relacionados con el tema de crianza; otra es contactándose
con un profesional, que puede ser un psicólogo especialista en el
área. El psicólogo les puede proporcionar no solamente información
acerca de las características propias de la etapa de desarrollo en
la que se encuentran sus hijos, sino además puede darles
sugerencias acerca de cómo proceder ante las diferentes situaciones
que se presentan, haciendo algunas precisiones que hay tomar en
cuenta para poder educar lo mejor posible, puesto que las razones
que nosotros tenemos para que nuestros hijos hagan algo o dejen de
hacerlo, no son necesariamente razones que ellos van a entender
siempre.
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Y de este modo, los padres sabremos que si queremos que
aprendan a seguir normas, nosotros tenemos que dar el ejemplo y ser
consistentes, es decir mantenernos firmes en las decisiones que
tomamos, de tal manera que si establecemos una
regla, como rutinas para las comidas y la hora de ir a
dormir, debemos hacer que se cumplan. Por ejemplo, si dejamos en
claro que comer es diferente a jugar, vamos a insistir en que
permanezca sentado, que no juegue o vea TV, y más bien se le puede
conversar, contar historias, etc. Aprenderemos que si se niega a
comer…, pues que no coma…, hasta la próxima comida, pero sin
caer en la compasión de “pobrecito se va a morir de hambre",
ya que cuando tenga hambre, va a comer mejor. Tomaremos en cuenta
que si damos el ejemplo en el trato que les damos a ellos mismos, en
la manera en que les pedimos algo, o en la forma en que demostramos
respeto y consideración por lo otros, vamos a lograr que aprendan
lo que se espera de ellos en ese sentido.
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Nos daremos cuenta que ser firmes no significa
amenazar con hacer algo que tal vez no podamos cumplir. Más bien
aprenderemos a ‘advertir’ la consecuencia que puede tener tal o
cual conducta: "Para ver tu programa, primero tienes que
guardar tus juguetes". Consideraremos que si pensamos que
nuestros hijos deben aprender a tomar decisiones, primero,
pensaremos en cuáles.
Puede ser que deba aprender a elegir
entre un helado de fresa o de vainilla, pero no puede elegir
acostarse o no hacerlo. No cederemos ante el llanto de los niños
(que es una herramienta poderosa), ya ellos saben cuán efectivo
puede ser si nosotros nos mostramos débiles. Tenemos que enseñarles
a qué llanto vamos a hacerle caso y cuál no sirve para lograr
hacer o tener lo que quiere.
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Si
bien somos necesarios, eso no significa que el niño no pueda dormir
si no "lo duerme" alguien. El pequeño debe ir acostumbrándose
a dormir solo y a despertarse y volverse a dormir. Y no acudiremos a
la primera que haga un ruidito. No comenzaremos diciendo: "¿Quieres…?”,
cuando queramos que el
niño obedezca, porque es posible que ‘no quiera’ y
ya le dimos a entender que tiene la opción… y terminamos
contradiciéndonos. No vamos a olvidar que los niños aprenden TODO,
todo el tiempo…
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Consejos
que da el psicólogo:
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No utilizar etiquetas: "eres
desordenado…, pleitista…, egoísta...", sino más
bien decir: “ordena tus cosas, así no las perderás", etc.
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No decir NUNCA cosas que hieran.
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No hacer todo por él. Debe aprender a hacer cosas simples, así no
las haga perfectas como a usted le gusta, como recoger sus juguetes,
no dejar la ropa tirada. Hay que hacer las cosas CON él, para que
aprenda.
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Enseñarle que sus conductas tienen tanto consecuencias buenas,
como recibir el reconocimiento, un beso, un elogio, un dulce, una
salida, etc., como consecuencias no tan buenas, como no salir o que
se le guarde un juguete que dejó tirado.
–
Hablar con claridad, no como si fuera un bebé y asumiendo que es
‘muy pequeño’ aún para entender.
–
No ‘reventarle cohetes’ ni aplaudir todo lo que su hijo hace
porque se acostumbrará a ser gratificado siempre, por todo lo que
hace, y por todos los que lo rodean.
–
Ser flexibles con los muy pequeños, pero ir ‘ajustando la
tuerca’ a medida que van creciendo y entendiendo qué es la
obediencia, la armonía, la honestidad, etc.
–
Si papá y mamá no están de acuerdo sobre algún aspecto
relacionado con la educación de sus hijos, salgan a tomar un café
y conversen acerca de sus puntos de vista, expongan sus posiciones y
encuentren un interés en común: el bien de su hijo,
llegando a acuerdos que ambos van a cumplir. Por encima de
todo, no se desautoricen.
–
La
calidad del tiempo que están con los niños también debe ir acompañada
de cantidad, si no ¿de qué otro modo los vamos a conocer, a
escuchar, a disfrutar, a verlos crecer y
les vamos a enseñar, etc.?
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El psicólogo
les recordará que demostrarles amor a sus hijos es educarlos y que
no es comprarles cosas y dejarlos hacer lo que quieren. Y, por último,
les dirá que no duden en acudir a buscar ayuda y orientación
cuando crean que necesitan apoyo.
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* Agradecemos
a Virginia Bákula de Idiáquez, psicóloga educacional, por este
artículo de gran interés práctico para la crianza de los niños
preescolares, un campo en el cual es experta. vbakula@terra.com.pe
Artículo aparecido en el boletín electrónico n.º
9 del APDA, del 15 de septiembre del 2005.
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