|
El Dr. Armando Filomeno —quien
había conversado con el Dr. Gerald Erenberg sobre la atomoxetina en
noviembre del 2002, en la reunión bienal de la Asociación Tourette
en los EEUU— le solicitó recientemente al distinguido
neuropediatra un artículo sobre su experiencia personal con la
atomoxetina, en el casi año y medio transcurrido desde que fue
introducida en su país. Reproducimos
a continuación la respuesta
del Dr. Erenberg.
20 de junio del 2004
Estimado Armando,
La siguiente es mi experiencia con la atomoxetina en el TDAH:
La atomoxetina representa un alejamiento del
tratamiento tradicional del TDAH. Dicho tratamiento se ha efectuado
tradicionalmente con los medicamentos del grupo de los
psicoestimulantes, y el principal efecto de ellos se piensa que es a
través del aumento de la actividad de la dopamina. El uso de los
psicoestimulantes se remonta a la década de los años 30, cuando se
usó por primera vez la benzedrina. Las anfetaminas ya se podían
conseguir en la década de los años 40, y el metilfenidato está en
uso desde 1954. Los psicoestimulantes han sido extensamente
estudiados, y su utilidad ha sido bien establecida. Las
preocupaciones que han existido acerca de los psicoestimulantes
incluyen su potencial adictivo (por lo que son substancias
controladas en los Estados Unicos), la supresión del apetito, las
dificultades en el sueño, el posible efecto sobre el crecimiento, y
posiblemente el causar o empeorar los tics.
La atomoxetina es un inhibidor de
la recaptación de la norepinefrina, cuyo efecto sobre la dopamina
no está claro. Se ha sugerido que puede aumentar la dopamina en los
lóbulos frontales por su efecto sobre los tractos que conectan las
estructuras profundas y los lóbulos frontales. No se conoce por qué
mecanismo la norepinefrina mejora los síntomas del TDAH, pero el
medicamento mostró clara eficacia en estudios de fase 3. Otros
estudios mostraron que no había riesgo de que el medicamento
aumentara los tics. La seguridad fue buena, incluyendo la ausencia
de efectos secundarios cardiovasculares. Este resultado fue
importante puesto que la desipramina, un antidepresivo tricíclico
con efecto sobre la norepinefrina, había sido asociado con muerte súbita
debido a su efecto sobre el sistema de conducción cardíaca.
La atomoxetina empezó a usarse en
forma generalizada en los Estados Unidos a inicios del 2003. Al
público, así como a muchos médicos, les entusiasmó la
idea de una medicación no estimulante sin potencial adictivo y sin
riesgo de tics. Luego de 6 meses de su introducción la atomoxetina
representaba el 16% de las nuevas recetas para el tratamiento del
TDAH. Los estudios de fase 3 habían mostrado efectos secundarios
como sedación, síntomas gastrointestinales, mareos, sequedad de
boca y disminución del apetito, pero en un porcentaje relativamente
pequeño de los pacientes a quienes se les administró el
medicamento.
Las instrucciones para el inicio
del tratamiento sugerían que la dosis inicial fuera de 0.5 mg/kg/día,
a tomarse una vez al día, en la mañana. La dosis completa de 1.2
mg/kg/día, podía iniciarse a los 3 día del inicio de la medicación.
Los estudios del fabricante no habían mostrado ventaja alguna a
dosis por encima de 1.2 mg/kg/día; algunos efectos podían
presentarse bastante pronto, pero el efecto completo podía tomar de
4 a 6 semanas, siguiendo un patrón similar al que se ve cuando se
inician los medicamentos inhibidores selectivos de la recaptación
de serotonina (ISRS).
En nuestra práctica profesional,
nuestra experiencia inicial con la atomoxetina fue cuando empezamos
a pasar a pacientes que recibían medicación estimulante a este
nuevo medicamento. Así, nuestro primer grupo de pacientes había
sido tratado con psicoestimulantes o atomoxetina en momentos
diferentes. Posteriormente, empezamos a iniciar
a nuestros pacientes recién diagnosticados con atomoxetina,
en lo que constituía un grupo que nunca había recibido
psicoestimulantes. Esto era especialmente atractivo cuando los
pacientes tratados tenían tics o tenía un pariente cercano con
tics.
Hasta el momento, hemos tratado a
más de 200 pacientes con atomoxetina. Desafortunadamente, los
resultados han sido decepcionantes. La incidencia de efectos
secundarios ha sido más alta que en los pacientes tratados con
psicoestimulantes. Esto nos ha llevado a reducir la dosis máxima a
menos de 1.0 mg/kg/día. La sedación y los síntomas
gastrointestinales han sido tan frecuentes que hemos indicado a los
pacientes que tomen el medicamento en la noche y no en la mañana, y
que nunca tomen el medicamento con el estómago vacío. Cuando la
atomoxetina es efectiva, la hora de la administración no es
importante puesto que el efecto dura 24 horas, otra ventaja sobre
los psicoestimulantes. Cuando los familiares compararon la mejoría
obtenida con los psicoestimulantes con aquella obtenida al pasarlos
a la atomoxetina, casi todos pidieron que sus hijos volvieran a los
psicoestimulantes. Y en los pacientes iniciados con atomoxetina, los
reportes de los padres y de los profesores mostraron solo leves
mejorías de los síntomas del TDAH. Los resultados raras veces
fueron tan sólidos como aquellos obtenidos en el tratamiento con
los psicoestimulantes.
Basados
en estos resultados, nuevamente estamos iniciando el tratamiento a
nuestros pacientes recién diagnosticados con un preparado
psicoestimulante de 12 horas de efecto. Las excepciones son aquellos
pacientes en quienes previamente ha fallado el tratamiento con
psicoestimulantes, aquellos que han tenido efectos secundarios
severos con los psicoestimulantes, o aquellos pacientes que tienen
TDAH y tics. Tengo la esperanza de que posteriores refinamientos
lleven a mejores medicamentos para el tratamiento del TDAH, pero,
por el momento, los psicoestimulantes continúan siendo los
medicamentos de elección para tratar el TDAH.
Gerald Erenberg, MD
Senior Pediatric Neurologist
Cleveland Clinic Foundation
Cleveland, OH
USA
Past President inmediato, Consejo Consultivo de la
Asociación Síndrome de Tourette, USA.
|