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EL SÍNDROME DE ASPERGER Y OTROS TRASTORNOS DEL ESPECTRO AUTISTA
Patogenia y tratamiento. Mitos y realidades
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Dr. Armando Filomeno*
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En el presente artículo los Trastornos del Espectro Autista
(TEA) se refieren fundamentalmente al autismo clásico y al Síndrome
de Asperger. Se trata de entidades con un factor genético
importante —probablemente existan varios genes que interactúen para
producir el cuadro clínico— existiendo la posibilidad de que exista
algún factor ambiental prenatal; el riesgo de que ocurran en más
de un miembro de la familia inmediata es muchas veces mayor al de la
población en general. Los TEA se pueden asociar también a otras
afecciones de origen genético, como el Trastorno por Déficit de
Atención con Hiperactividad, el Síndrome de Tourette, la
esclerosis tuberosa o el Síndrome de Down.
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Los
estudios morfológicos del cerebro —ya sea mediante la Resonancia
Magnética o el examen neuropatológico— muestran aumento del tamaño
del cerebro en los primeros años de vida, disminución del tamaño
del cerebelo, disminución del espesor del cuerpo calloso, disminución
del número de las células de Purkinje del cerebelo y apiñamiento
celular en determinadas áreas cerebrales, entre ellas el núcleo
amigdalino. Un estudio inmunopatológico reciente ha mostrado
cambios inflamatorios en la microglía y astroglía —en el cerebro y
especialmente en el cerebelo— que se consideran innatos y no
adquiridos; no se conoce actualmente el significado exacto de estas
alteraciones(1). Se han estudiado —mediante el SPECT (Single photon
emission computed tomography) o en tejidos obtenidos por autopsia—
el GABA, la serotonina, la acetilcolina y el glutamato, encontrándose
diversas alteraciones; esta área de estudio tiene actualmente un
interés especial con relación al uso de medicamentos.
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Los
exámenes auxiliares que han sido mencionados —la Resonancia Magnética
y el SPECT— son estudios de investigación, efectuados con la
finalidad de encontrar la base neurobiológica de los TEA, definir
mejor los diversos cuadros clínicos y encontrar posibles
tratamientos en el futuro; no son exámenes que suelan ser de ayuda
en el manejo de un paciente en particular. El diagnóstico de los
TEA continúa siendo clínico, en base a una historia adecuada y con
la ayuda de los criterios diagnósticos, que pueden ser los del DSM
IV. Las pruebas psicológicas son de gran utilidad para precisar,
entre otros aspectos, el nivel intelectual.
El
tratamiento es fundamentalmente de tipo psicológico y educativo, no
siendo éste el lugar para hacer una discusión de este tema. El
tratamiento medicamentoso está indicado para la sintomatología
específica de los TEA o de los trastornos asociados. Cuando el
principal problema son la falta de sociabilidad o los movimientos
estereotipados (aleteo, balanceo), los neurolépticos atípicos como
la risperidona o la olanzapina pueden ser de ayuda; la obsesividad y
las conductas rituales suelen mejorar con los inhibidores selectivos
de la recaptación de la serotonina, como la fluoxetina o la
sertralina; si la agresividad es un problema importante, los
estabilizadores de ánimo como el ácido valproico o la
carbamazepina están indicados; para las convulsiones la
carbamazepina, el ácido valproico y el topiramato están entre los
medicamentos anticonvulsivos de elección. Cuando el Trastorno por déficit
de atención con hiperactividad se asocia a los TEA el medicamento
de elección es el metilfenidato, pudiendo usarse la atomoxetina
como segunda opción. Si hay Síndrome de Tourette asociado y los
tics interfieren significativamente en la vida del paciente, los
neurolépticos atípicos como la risperidona o la ziprasidona pueden
ayudar; si los tics son muy severos, puede ser necesario administrar
pimozida o haloperidol.
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La
Resonancia Magnética Funcional (fMRI) es un examen de
investigación que está permitiendo tener una mejor comprensión
de lo que son los TEA. Un estudio de autistas de alto
funcionamiento ha permitido determinar que tienen una mayor
activación en el área cerebral encargada de interpretar
palabras, y menor en el área encargada de interpretar
oraciones, habiéndose también encontrado una menor
sincronización de la actividad entre diferentes áreas
cerebrales. Esto ha llevado a plantear la hipótesis de que el
autismo se debería a una menor conectividad cerebral(2). A
partir de la hipótesis del "cerebro social" propuesta
como base neurobiológica de la inteligencia social(3), y
tomando en cuenta otras evidencias, se ha propuesto que el núcleo
amigdalino del cerebro jugaría un rol importante en el origen
de las deficiencias presentes en el autismo; de acuerdo a lo que
propone el autor, en el autismo existe una deficiencia en la
"empatización", que es la capacidad de comprender las
leyes que rigen la conducta de las personas, y un mayor
desarrollo de la "sistemización", que se refiere a la
comprensión de las leyes que rigen la conducta de las cosas(4
y 4a). Esto último se manifiesta especialmente en quienes
presentan un autismo de alto funcionamiento o el Síndrome de
Asperger y debe ser tomado en cuenta en el momento de la
orientación vocacional; entre las área en las cuales tienen
mejores posibilidades de éxito están la computación, las
matemáticas y la ingeniería.
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El
debate sobre la existencia o no del Síndrome de Asperger como un
trastorno diferente al autismo de alto funcionamiento (con un CI
mayor de 70), puede ser enfocado desde el punto de vista genético.
Desde la descripción inicial del propio Hans Asperger, se ha
observado que padres o hermanos de los pacientes tienen características
similares, aunque no el síndrome completo; un estudio reciente
mostró que 4 de 64 padres o hermanos de 58 pacientes con el Síndrome
de Asperger presentaban el mismo síndrome, mientras que de 39
pacientes de autismo de alto funcionamiento, uno de 50 padres o
hermanos presentaba autismo. El hecho de que los familiares
afectados hayan tenido siempre el mismo trastorno que los pacientes
sugeriría que se trata de enfermedades genéticamente diferentes,
pero esto debe ser confirmado mediante estudios con un mayor número
de pacientes(5). Existe también información proporcionada por la
Resonancia Magnética: en los pacientes con trastornos del espectro
autista se encontró un aumento del volumen de la sustancia gris en
comparación con los controles normales; hubo, sin embargo,
diferencias de grado: fue mayor en autistas de bajo funcionamiento,
menos marcado en autistas de alto funcionamiento, y en los pacientes
con Asperger tuvo un volumen intermedio entre este último grupo y
los controles normales. Estos resultados no son definitivos y más
bien colocarían al Síndrome de Asperger en el extremo leve de los
TEA, siendo necesarios, sin embargo, nuevos estudios(6).
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Hasta
aquí hemos visto qué son los trastornos de espectro autista,
incluyendo el Síndrome de Asperger; lo que viene a continuación
podría denominarse lo que no son o lo que no se ha demostrado que
sean los TEA.
Se
habla con mucha ligereza sobre la existencia de una
"epidemia" de autismo, y se atribuye la supuesta epidemia
al uso de vacunas, al timerosal (que contiene etilmercurio y es
utilizado en la preservación de ellas) o a ambos. A continuación
se ofrece "curar" el autismo así producido con una dieta
libre de gluten y caseína —que nadie ha demostrado que sea de
utilidad alguna— con terapia de quelación que es peligrosa para la
vida del paciente, y con tratamientos antibióticos para supuestas
micosis intestinales que nadie ha demostrado que estén presentes ni
que tengan nada ver con los trastornos que nos ocupan. Para
"prevenir" el autismo —y todo lo demás que algunos
engloban simplistamente bajo el término de "trastornos del
desarrollo" o "trastornos del neurodesarrollo"—
recomiendan que no se apliquen ciertas vacunas a los niños y que se
prohíba el uso del timerosal, poniéndose así en riesgo los
programas de vacunación en los países pobres, lo que haría
retroceder la salud pública varias décadas(7).
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Sería
interesante recordar qué suerte han corrido algunos tratamientos no
convencionales previos. En base a relatos anecdóticos de mejoría
de los síntomas del autismo al aplicarse la secretina por vía
endovenosa, y por influencia mediática, miles de padres sometieron
a este tratamiento a sus hijos sin que existiera prueba alguna de su
efectividad y sin resultados, salvo nuevamente testimonios anecdóticos;
como suele ocurrir en estos casos, debido a la gran demanda que se
originó, los padres fueron estafados al cobrárseles altos precios
por este "tratamiento".
Un reciente estudio de medicina basada en evidencias ha demostrado
la inefectividad de la secretina. La siguiente cita extraída de
dicho artículo puede ayudar a abrirle los ojos a mucha gente:
"En un mundo donde la tecnología puede dar prominencia a
cualquier comunicación, y la pseudociencia es a menudo difícil de
reconocer, debemos actuar con responsabilidad para ayudar a los
padres [...] a evaluar los tratamientos no demostrados"(8). El
mismo destino ha corrido otro tratamiento no convencional que fue
muy popular en su momento: la vitamina B6 con magnesio.
Con
respecto a la supuesta epidemia de los trastornos del espectro
autista, el hecho cierto es que el diagnóstico de dichos trastornos
ha aumentado más de diez veces, de la cifra histórica de 4 por
10.000 a la aceptada actualmente de 30 a 60 por 10.000. Quienes han
estudiado este hecho han concluido que este supuesto aumento en la
prevalencia se debe a criterios diagnósticos más precisos, a la
inclusión del Síndrome de Asperger y formas incompletas de TEA, y
a no excluirse actualmente al autismo asociado a otros problemas orgánicos
cerebrales.
No existe evidencia de que la vacuna contra el sarampión, paperas y
rubeola (MMR) produzca enterocolitis; tampoco se ha observado
aumento marcado de los casos de autismo al introducirse la vacuna a
un país, tampoco ha habido plateau durante su uso estable, ni
disminución al dejarse de usar, hecho que ha ocurrido en algunos
países por el temor desencadenado por la propaganda adversa. No se
ha observado variación en la incidencia (casos nuevos) ni en la
prevalencia (número de pacientes en determinado momento)
atribuibles al uso de la vacuna. Un estudio de medicina basada en
evidencias proporciona información contundente a este respecto (9).
Tampoco
existe evidencia de que el timerosal o tiomersal tenga relación
causal con el autismo; en los países en los que ha sido eliminado,
no ha ocurrido la esperada disminución de su incidencia. Si bien el
metilmercurio tiene un conocido efecto dañino sobre el cerebro en
formación, no existe prueba alguna que vincule en forma convincente
al etilmercurio del timerosal con el autismo. Un estudio de medicina
basada en evidencias y un informe del prestigioso Institute of
Medicine de los EE.UU. han estudiado este asunto sin encontrar
relación causal(10 y 11). Recientes noticias aparecidas en medios
de comunicación locales sobre la próxima eliminación del
timerosal de las vacunas en nuestro país, interpretan erróneamente
la reportada decisión del Ministerio de Salud como prueba de que el
etilmercurio contenido en él es causa del autismo. Las supuestas
evidencias publicadas en los EE.UU., en marzo del 2006, que vincularían
al timerosal y al autismo han sido cuestionadas y necesitan ser
evaluadas seriamente; dichos resultados deberán ser confirmados por
otros estudios antes de ser aceptados(12). Para concluir esto, hay
que llamar la atención sobre el reciente reporte de la muerte de un
niño con autismo como resultado de un "tratamiento" de
quelación; este hecho es especialmente lamentable pues no se puede
justificar, de acuerdo a los conocimientos actuales, la aplicación
de un procedimiento riesgoso que no ofrece ninguna posibilidad de
beneficio a quien padece de un trastorno del espectro autista(13).
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La
dieta libre de gluten y caseína —cuyo uso se está extendiendo
irresponsablemente del autismo al TDAH— tampoco ha demostrado
efectividad como tratamiento de los TEA. En el año 2005 hubo una
mesa redonda en Lima sobre este tema; mi reseña de ella puede
leerse en la referencia que sigue. Allí
figura también el resumen de un Cochrane Review que no encuentra
demostración de la efectividad de dicha dieta, y un correo electrónico
de la neuropediatra Isabelle Rapin —autoridad mundial en el
autismo—
quien expresa que no existe evidencia de relación alguna entre
problemas intestinales y autismo(14). Recientemente se ha publicado
un estudio controlado que no encuentra efectividad en la dieta(15)
y existe otro estudio en proceso en la Universidad de Rochester, que
va a dar resultados preliminares en el 2008. Además de la falta de
evidencia de efectividad, es una dieta cara —cuesta más de
quinientos dólares americanos al mes, considerando los suplementos
nutricionales que deben ser importados y los análisis que deben
efectuarse periódicamente enviando las muestras al extranjero— y es
una tortura para el niño y su familia pues hay que vigilarlo
permanentemente para que no ingiera leche ni derivado alguno de
ella, así como tampoco pan ni derivados de trigo, centeno, cebada,
etc.
Para
concluir, debo decir que existe abundante información sobre los
aspectos genéticos y neurobiológicos de los trastornos del
espectro autista, incluido el Síndrome de Asperger; sin embargo, lo
que no se sabe es infinitamente mayor y esto ha permitido la
proliferación de hipótesis que se difunden como si fueran hechos
demostrados, así como la aparición de supuestos tratamientos que
se han aplicado —y que aún se aplican— sin evaluación crítica y
sin evidencia alguna de efectividad, salvo algún testimonio anecdótico.
La obligación de los médicos especialistas responsables es
informar adecuadamente sobre el tema y recomendar lo que
racionalmente sea mejor para los pacientes; es obligación de los
padres informarse adecuadamente, no escuchar cantos de sirenas y
evitar así —en su desesperación por ayudar a sus hijos— causarles
más mal que bien y poner en riesgo la economía y la estabilidad de
la familia.
Referencias:
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(2) Just, Marcel et al (2004). Cortical activation and
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(13)
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(15)
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Autism and Developmental Disorders,
6:413-420.
Adenda.
(Octubre del 2007). De acuerdo a una interesante teoría que se ha
difundido especialmente en el último año,
el autismo se debería a un defecto en las llamadas neuronas
espejo, que tienen a su cargo el control de los
movimientos y que también se activan con la observación del
movimiento en otra persona. Este defecto ha sido
demostrado en autistas de alto funcionamiento utilizando el
electroencefalograma y la resonancia magnética funcional,
entre otras técnicas; se le propone para explicar las
dificultades en la imitación, en la interpretación de las
intenciones de los demás, en la empatía y en el lenguaje,
presentes en los autistas.
Ramachandran,
V.S. and Lindsay M. Oberman (2006). Broken Mirrors. A Theory of
Autism. Scientific American, 295 (5): 38-45.
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* El Dr. Armando Filomeno es médico neurólogo, asesor fundador del APDA,
de la Asociación Síndrome de Tourette del Perú (ASTP) y
de la
Asociación de Familias Peruanas con Miembros Asperger (FAMASPI), y
es miembro de la Junta Asesora Profesional
de la AD/HD Global Network. Correo electrónico: armandofilomeno@telefonica.net.pe
Este
artículo está basado en la conferencia del mismo nombre dictada en
el Seminario Internacional "Síndromes de Tourette y Asperger:
Una visión de Oliver Sacks", organizado por la Pontificia
Universidad Católica del Perú y la Asociación Síndrome de
Tourette del Perú. Enlace. Publicado en el boletín nº 1 de la
Asociación de Familias Peruanas con Miembros Asperger (FAMASPI) en
julio del 2006. Fue
reproducido
—sin las referencias
bibliográficas— en Gestión Médica, edición
474, año 11, pag 18 y 19, Psiquiatría, Lunes 28 de agosto a domingo 3
de septiembre del 2006.
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